
En un primer momento, los propios ciudadanos asumieron la limpieza tras la dana.
FOTO: CARMINA JOVER
Secretaria General Comisiones Obreras País Valencià
Ha pasado ya casi un año desde el fatídico 29 de octubre en que la dana asoló varias zonas de la provincia de Valencia y se llevó por delante la vida de 228 personas, en buena medida por una nefasta gestión de la catástrofe. Aquel día todo parecía normal para el máximo responsable de las emergencias en el País Valencià. El president no anuló su agenda, tampoco nadie del Consell. De hecho, aquella mañana nos convocó a los agentes sociales y económicos para tratar los Presupuestos de la Generalitat, en un breve encuentro, dado que tenía prisa por irse a una comida. Eso sí, desde CCOO PV aprovechamos para entregarle por escrito nuestras propuestas.
Lo ocurrido después de ese momento, un cúmulo de despropósitos: cambio de versión acerca de dónde estaba y a qué horas; señalamiento al Gobierno central por su falta de respuesta, cuando estaba claro quién tenía esa competencia. Una actitud soberbia que le ha llevado a no reconocer su responsabilidad; el intento de pasar página diciendo que estaba centrado en la reconstrucción; la retención de los fondos del Estado para quejarse después de que no les llegaba dinero, y un largo etcétera.
Esto último nos suena, porque se ha repetido recientemente con los incendios que han asolado los montes y pueblos de varias Comunidades Autónomas también gobernadas por el PP. Llegaban los recursos del Gobierno y alegaban que no se los enviaban, los tenían retenidos mientras los bomberos, en muchos casos con pésimas condiciones laborales, hacían lo que podían con los escasos medios de que disponían. Y todo ello, ante los continuos ataques de un PP que hace dejación de funciones y competencias, que intenta manipular a la opinión pública, pone en juego la vida de personas y echa la culpa al contrario político. Cuanto menos, indecente y, si me apuran, negligencias que deberían ser penadas.
Volviendo a lo que aquí nos trae, la respuesta del pueblo valenciano a la dana ha sido la de transformar el dolor en indignación. Multitudinarias manifestaciones recorrieron las calles para exigir responsabilidades políticas, esas que el PP reclama al de enfrente a la primera de cambio, pero que pocas veces se aplica. Todavía recuerdo cuando la exconsellera Salomé Pradas (actualmente imputada judicialmente) reclamaba en las Cortes Valencianas la dimisión del anterior president socialista, Ximo Puig, porque habían fallecido 11 burros. O cómo el actual president Mazón le exigió dimitir tras unos incendios, porque era “el máximo responsable según el plan de emergencias de la Comunitat”. La ley del embudo de toda la vida: lo ancho para mí, lo estrecho para ti.
Las movilizaciones continúan el 29 de cada mes. Somos conscientes de que es difícil mantener el volumen de asistencia tras tantas convocatorias, pero eso no significa que la gente olvide lo sucedido y tampoco la incompetencia de los actuales gestores políticos, más preocupados por los sillones que por las personas.
Todavía tenemos la esperanza de que haya algo de cordura y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijoó, deje de arropar a Mazón
La reconstrucción
Ahora estamos en el capítulo de la reconstrucción, que se produce a diferentes velocidades. Mientras el Gobierno central arregló carreteras, vías ferroviarias, barrancos y otras cuestiones de su competencia en un tiempo récord, el valenciano derruye centros educativos que tiene que construir de nuevo casi 11 meses después. La Generalitat Valenciana se ha gastado más de dos millones de euros en el diagnóstico, para el que ha contratado a una empresa privada que, en resumidas cuentas, alude a que todo lo tiene que sufragar el Estado español.
La Generalitat lleva haciendo, desde el primer momento, contratos de emergencia con empresas implicadas en las tramas de corrupción del PP, sin el necesario control de unos fondos que pagamos entre todos y todas. La Generalitat ha iniciado una guerra de cifras comparativa con el Ejecutivo de Sánchez, bastante torpe por su parte si nos atenemos a la desigual capacidad de inversión.
En un ejercicio de cálculo electoral siguen sin percatarse de lo cansada y hastiada que está la gente, de la vergüenza que nos produce que nuestro president siga sin asumir ninguna responsabilidad política por la catástrofe del 29 de octubre. El clamor de nuestras calles es que no se puede mantener en el cargo alguien que solo mira por sus intereses y que asume postulados negacionistas que nos llevan directos a que se repita la misma tragedia.
¿Cuál será la respuesta cuando de nuevo lleguen las lluvias este otoño?
Otra cuestión que reclama la ciudadanía, y sobre todo las personas afectadas por la dana, es justicia y reparación. La desfachatez de Mazón llega a no reunirse con las víctimas (salvo un pequeño paripé que hizo en el Palau de la Generalitat con una de las asociaciones minoritarias) y a no visitar las zonas afectadas para que no le griten #MazónDimisión. Además, intentan imponer una imagen de “normalidad” que no existe en esos territorios, dado que una parte importante de la población sigue sin tener acceso a unos servicios públicos esenciales de calidad y unas condiciones de vida dignas. Hablamos de deficiencias en colegios, institutos, centros de salud, alcantarillado, ascensores, garajes o comunicaciones.
¿Cuál será la respuesta cuando de nuevo lleguen las lluvias este otoño? Sabemos que con el mismo plan de emergencias existente el 29 de octubre, en la segunda dana anunciada en el País Valencià, se dio una alerta temprana, demostrando que se podía avisar con tiempo suficiente para salvar vidas aquel día. Pero el miedo a que vuelva a repetirse una nefasta gestión continúa, seguimos en manos de un president que aquel día abandonó a la ciudadanía a su suerte, no envió a unidades a rescatar y desapareció. Un president que encabeza un Consell que no lleva bien la crítica política consustancial a la democracia y que, a la petición de dimisión por parte de CCOO PV, respondió amenazando con quitarnos las compensaciones económicas (insuficientes por el desarrollo que hacemos del artículo 7 de la Constitución) y despreciando el diálogo social. Aquello que decía a los cuatro vientos de la importancia que tenía para su mandato la concertación social se ha quedado en agua de borrajas.
Todavía tenemos la esperanza de que entre algo de cordura y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijoó, deje de arropar a Mazón como si fuera un héroe en la gestión de la dana. No se puede estar más lejos de la realidad y de la calle, que sigue expresando su dolor desde la indignación.