Jóvenes migrantes en un barrio de Madrid.
FOTO: FRAN LORENTE

Migración, fuente de riqueza

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Pilar Cancela Rodríguez

Secretaria de Estado de Migraciones

Hablar de migración es decir futuro. Y en el caso de España, también es expresar el presente. Mientras algunos países levantan muros y alimentan el miedo, la realidad demuestra que quienes llegan desde fuera sostienen sectores clave de nuestra economía, aportan cotizaciones vitales para el sistema de pensiones y enriquecen la vida cultural y social de nuestro país.

No se trata únicamente de una cuestión de ideología, sino también de hechos: sin personas migrantes, España sería un país más viejo, más pobre y con menos posibilidades de prosperar. Los datos están ahí.

El motor invisible de la economía

Como muchos países de nuestro entorno, España tiene un problema demográfico que ningún discurso puede ocultar. Con una de las tasas de natalidad más bajas de Europa y una población cada vez más envejecida, el país necesita manos, ideas y energía joven. Ahí es donde la migración se convierte en motor.

En el campo de Almería o Huelva, en las cocinas de los restaurantes de Madrid, en las residencias de mayores de Barcelona o en las obras de construcción de nuevas viviendas, los trabajadores y las trabajadoras migrantes son imprescindibles. En España, más del 14 por ciento de la población afiliada a la Seguridad Social es extranjera y en sectores como la agricultura o el trabajo doméstico y de cuidados ese porcentaje se multiplica. Sin estas personas, buena parte de la economía se paralizaría.

No solo son mano de obra. Cada vez más migrantes deciden emprender: abren comercios, restaurantes, talleres o pequeñas empresas que generan empleo también para españoles. Basta con recorrer barrios de ciudades como Valencia o Bilbao y comprobar cómo la migración revitaliza calles que antes estaban en decadencia. Más de 486.905 personas autónomas son migrantes, según datos de este mismo verano de 2025.

En esta nueva etapa de la administración Trump, las políticas antimigratorias están yendo todavía más lejos, vulnerando principios elementales de derechos humanos y convirtiendo a la población migrante en el enemigo principal del país

Cotizan, sostienen, aportan

Uno de los mitos más extendidos es que las personas migrantes “abusan” de los servicios públicos, pero los números reflejan otra historia: la mayoría está en edad laboral, cotiza y paga impuestos y hacen uso de los servicios públicos y las prestaciones sociales en mucha menor medida que los nacidos en España. En otras palabras, dan mucho más de lo que reciben.

Su aportación es especialmente importante para el sistema de pensiones. En un país con más jubilados cada año y menos nacimientos, las cotizaciones de las personas trabajadoras migrantes suponen un balón de oxígeno. Sin ellas, el debate sobre la sostenibilidad del Estado del Bienestar sería mucho más dramático.

Mucho más que economía

Reducir la migración a cifras sería injusto. España es hoy un país más plural, diverso y creativo gracias a las personas que llegaron de fuera. La gastronomía, la música, las fiestas populares, incluso la manera en que entendemos la vida en comunidad, se han visto enriquecidas por culturas que conviven y se mezclan.
La migración nos obliga a reforzar los valores de tolerancia y respeto, a apostar por una convivencia en la que la integración, la inclusión y la diversidad primen frente a discursos claramente racistas, xenófobos y excluyentes. No siempre es un camino sencillo, y menos en una sociedad tan polarizada como la actual, pero sí conduce a una sociedad más abierta y preparada para un mundo interconectado.

Muros o puentes: dos modelos en contraste

La comparación con otros países es inevitable. Donald Trump convirtió la construcción de un muro en la frontera con México en símbolo de su política migratoria. La idea era clara: cerrar, excluir, alimentar el miedo. En esta nueva etapa de la administración Trump, las políticas antimigratorias están yendo todavía más lejos, vulnerando principios elementales de derechos humanos y convirtiendo a la población migrante en el enemigo principal del país.

En Europa, gobiernos de ultraderecha han seguido el mismo guion, criminalizar al migrante, asociarlo con la inseguridad y limitar sus derechos. El resultado es una sociedad más dividida, con guetos y tensiones que no hacen más que agravar los problemas.

El Gobierno de España, con todas sus dificultades, ha apostado por un camino diferente, el de priorizar los derechos humanos, por supuesto con la atención humanitaria a las personas que llegan en una situación de máxima vulnerabilidad y la inclusión a todos los niveles. Esa apuesta se nota en la convivencia diaria, en el dinamismo de nuestras ciudades y en la capacidad de nuestra economía para seguir creciendo. Porque, a pesar de la proliferación innegable del discurso de odio racista y xenófobo que promueven formaciones de ultraderecha y que también ha abrazado la derecha de nuestro país, España es un país acogedor.

A pesar de la proliferación innegable del discurso de odio racista y xenófobo que promueven formaciones de ultraderecha y que también ha abrazado la derecha de nuestro país, España es un país acogedor

Una oportunidad que no podemos dejar pasar

Conviene recordar que España también fue un país de emigrantes. Millones de españoles buscaron oportunidades en Alemania, Francia, Suiza, Venezuela o Argentina en el siglo XX. Hoy la historia se repite, pero a la inversa, son otras y otros los que llegan aquí con el mismo deseo de trabajar y construir un futuro, de poder desarrollar un proyecto de vida.

Cerrarles la puerta no solo sería injusto, también sería un error estratégico. España necesita a esa juventud que aporta energía, talento y ganas de prosperar. La migración es, sin duda, un reto que requiere políticas serias, pero sobre todo es una oportunidad de oro para garantizar el desarrollo del país. Con estos parámetros ha diseñado la política migratoria este Gobierno.

Porque migrar, en definitiva, es un acto de esperanza. Y quienes lo hacen, lejos de quitarnos nada, nos ayudan a ganar mucho más. Migración no es amenaza, es fuente de riqueza.