En muchas ocasiones, solo una persona cobra al año 1.000 veces más que la media de su empresa.
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Cobrar como un director ejecutivo trabajando 1000 años

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Miguel Alba Ruiz-Morales

Responsable de Sector privado y desigualdades de Oxfam Intermón

De las diferentes desigualdades que se pueden dar en la empresa, la salarial resulta la más evidente. Existen otras que se manifiestan de muy diversas maneras: brechas de género, asimetrías de poder, contratación indefinida vs. temporal…, pero para evidenciar con un golpe de vista la distancia entre la alta dirección de una empresa y el común de los trabajadores, la ratio sueldo del primer ejecutivo vs. sueldo medio resulta muy reveladora.

En el año 2023 el promedio de esta distancia en las 40 empresas españolas que más facturan fue de 118. Es decir, de media, el primer ejecutivo de una de estas grandes empresas (sea presidente ejecutivo o director general), recibió como contraprestación por su trabajo 118 veces el promedio de lo que gana el resto de personas que trabajan en la misma empresa.

Cierto es que el primer ejecutivo de una empresa es la persona que asume la mayor responsabilidad de la organización y, evidentemente, eso se tiene que reflejar en una mayor remuneración. Sin embargo, cuando la cuantía de esa retribución alcanza niveles estratosféricos, esa justificación empieza a resultar insuficiente.

El promedio de retribución anual que percibe el máximo ejecutivo en alguna de las 40 mayores empresas españolas es de 4,5 millones de euros, en esas mismas empresas el salario medio no llega a los 50.000 €. En el 60% de empresas, la retribución del primer directivo es superior a 2 millones de euros, y durante 2023 cinco compañías remuneraron a su máximo ejecutivo con más de 10 millones de euros. Las más generosas fueron CIE Automotive, que pagó a su consejero delegado 24 millones de euros, Indra con 15,5 millones de euros, e Iberdrola, con 14 millones de euros.

Un salario 1.208 veces mayor que el salario medio

El panorama de desigualdad salarial vertical dentro de las empresas, es decir, las diferencias de sueldo entre trabajadores de los diversos niveles profesionales, resulta revelador e increíble. La empresa en la que esta diferencia es mayor (2023) fue CIE Automotive, donde los 24 millones de euros percibidos por su consejero representan 1.208 veces el sueldo medio de la empresa. Otra forma de expresar esta abismal diferencia, con datos de 2023, es que para que un trabajador medio de CIE Automotive gane lo mismo que su máximo responsable tendría que trabajar nada menos que 1.208 años, más de un milenio…

Es justo decir que la retribución tan desmesurada del consejero de CIE Automotive en 2023 se debe a circunstancias extraordinarias y no es lo que cobra cada año, pero sí lo que se llevó a su bolsillo durante ese año, por lo que la comparativa con el sueldo medio sigue siendo válida. La pregunta es ¿y si la comparativa se hiciera con el sueldo más bajo de la compañía? Produce vértigo sólo pensarlo.

Si nos fijamos en empresas que de forma recurrente y que tienen año tras año distancias insalvables entre lo que percibe el primer ejecutivo y lo que cobra de media el resto de plantilla comprobamos que de forma estructural se aprecia que hay una élite empresarial muy por encima del resto de personas trabajadoras en las empresas. Nos podemos referir a Inditex, que durante los 10 últimos años pagó a su máximo ejecutivo un promedio de 568 veces el sueldo medio de la empresa, Acciona, con 277 veces, o ACS, con 271 veces.

Para que un trabajador medio de CIE Automotive gane lo mismo que su máximo responsable tendría que trabajar nada menos que 1.208 años, más de un milenio

Distancia entre el sueldo máximo y el sueldo medio en las 40 mayores empresas españolas – 2023

En talento no solo está en la cúpula

Se suele justificar que las grandes empresas paguen cantidades tan astronómicas con el argumento de la atracción de talento. Pero ese argumento da a entender que el talento únicamente reside en la parte más alta de la jerarquía empresarial, y no en toda la organización. De hecho, estas distancias tan abrumadoras lo que revelan es un modo de entender la empresa en la que el éxito depende de una élite empresarial. Y esto supone un profundo error.

La clave de la fórmula empresarial estriba precisamente en que se trata de un modelo colectivo, en la que el trabajo coordinado y organizado de un grupo de personas contribuye a generar renta y riqueza a través de la comercialización de bienes o servicios. Implica que el éxito de una empresa reside en el esfuerzo y dedicación de todas las personas que trabajan en ella. Eso no quiere decir que no tenga que haber diferencias remunerativas –y como antes apuntamos, quienes tienen mayor responsabilidad ganen más, ya que son quienes velan porque la necesaria organización y coordinación de personas funcione–, pero a niveles razonables. Estas distancias tan gigantescas suponen una brecha entre altos directivos y el resto de trabajadores que da a entender a quienes se considera imprescindibles y a quienes no.

El primer paso pasa por limitar la distancia máxima, es decir, que cada empresa ponga un tope a las veces que el sueldo más alto puede superar al medio

Si una empresa quiere dar una señal a las personas que trabajan en ella de confianza y de aprecio al esfuerzo de todos, debería esforzarse en tener unas distancias salariales algo más equilibradas. En las grandes empresas, por ejemplo, hay algunas que tienen al Estado entre su accionariado y cuentan con diferencias salariales más razonables. Así, el presidente de Aena no cobra más de 5 veces el sueldo medio, y en Red Eléctrica está en 15 veces, por lo que constituyen una buena referencia en equidad salarial vertical. Desde Oxfam Intermón proponemos que una distancia máxima de 1 a 20 entre el sueldo más alto y el sueldo mediano es lo adecuado para cualquier tipo de empresa.

Pero el primer paso pasa por limitar la distancia máxima, es decir, que cada empresa ponga un tope a las veces que el sueldo más alto puede superar al medio. De esa manera, cualquier aumento salarial en la parte alta de la jerarquía empresarial ha de estar acompañado de un aumento similar en los sueldos de todas las personas trabajadoras de la empresa. Sin duda, ese sí es un gesto inequívoco de que todos están en el mismo barco y todos se benefician de la prosperidad empresarial.

Un debate aún pendiente es la limitación de las diferencias salariales. La actual ministra de Trabajo ha insistido en que hay empresas en las que esas distancias están fuera de control, pero todavía muchas personas justifican que haya altos directivos que cobren millonadas, argumentando que el trabajo que hacen lo merece, cuando no deja de ser un ejercicio mediante el que la élite empresarial extrae rentas en su favor a costa del resto de personas trabajadoras de las empresas.