
Rafael Bengoa fue consejero de Sanidad y Consumo del Gobierno Vasco y asesor del presidente Barack Obama
FOTO: FRAN LORENTE
La satisfacción ciudadana con el funcionamiento de la sanidad pública vive su peor momento desde la pandemia. Según el Barómetro del CIS del mes de diciembre de 2025 la valoración global de los ciudadanos sobre el sistema sanitario público apenas roza el aprobado, situándose en 5,89 puntos sobre 10. En 2024, la nota era de 6,13. Uno de cada cinco españoles, un 21,3 %, considera que la sanidad pública funciona mal y necesita cambios profundos. Nuestra “joya de la corona” de los servicios públicos se está resintiendo ante los continuados intentos de privatización, la falta de vigor presupuestario, las eternas listas de espera y el poco cuidado con que se trata a los sanitarios en general. La crisis de los cribados en Andalucía, lo acaecido en el Hospital de Torrejón de Ardoz al conocerse el furibundo ánimo de lucro de un directivo de Ribera Salud, o los “enredos” de “Alberto Quirón” vienen a echar más leña al fuego. Los españoles, y los madrileños en particular, estamos orgullosos de nuestra sanidad pero la mayoría piensa que son necesarios cambios profundos.
Para hablar de sanidad pública y de cómo curar sus achaques nos hemos citado con Rafael Bengoa. Médico y experto en gestión de salud pública, exconsejero del Gobierno Vasco —prácticamente el “creador” del Osakidetza (la sanidad pública de Euskadi)—, asesor del presidente Obama para la creación del sistema de salud, asesor de la OMS…
A Bengoa casi da apuro preguntarle por la sanidad de Madrid, sabiendo como sabe de sanidad “mundial”, así que empezamos por la sanidad española en general.
La sanidad pública española aprueba mediocremente en el CIS. Los ciudadanos le han dado un 5,8 y esta nota parece muy poco para un sistema del que estamos tan orgullosos. Algo está resquebrajando esa confianza ciega en el sistema… ¿Hay mucho que reformar?
Bueno, eso seguro, necesitamos grandes reformas. Pero antes una apreciación que igual es un poco filosófica, pero que es muy importante. En un entorno nacional e internacional tan inestable, una de las pocas cosas en la que los ciudadanos sienten que pueden confiar, que les da estabilidad, que está enraizada al suelo… es precisamente la sanidad. Otra, probablemente, es la educación. El estado de bienestar. De repente vemos este desorden mundial, y claro, los ciudadanos lo que queremos es tener la seguridad de que hay dos o tres cosas que no vamos a perder, que nos dan confianza: que vamos a tener una pensión, que vamos a tener las posibilidades de una educación pública y, por supuesto, la sanidad pública. Si estos pilares desaparecen, el ciudadano se va a sentir muy perdido.
En este contexto, todos los actores que estamos en el sistema, sobre todo los que creemos y queremos que sobreviva un sistema público de salud, equitativo y solidario, es evidente que debemos propiciar una transformación, porque el modelo que nos ha traído hasta aquí, que ha sido muy bueno, ahora tiene que ser compatible con lo que está pasando en la medicina y en las ciencias de la vida en general. Es decir, que no son solo fuerzas externas y políticas las que pueden perjudicar al sistema, sino que no nos estamos adaptando a la revolución de la medicina. Nos toca sentarnos a todos los que creemos en que hay que dar respuesta a los retos y decir, «a ver, las ciencias de la vida están disparadas, la tecnología está disparada, la inteligencia artificial está disparada, pero tenemos un modelo de gestión de lo público que está anticuado”.
Para mí eso es más importante que lo que ocurra en una comunidad autónoma u otra. Que no debería ocurrir, desde luego, y hay que pelearlo. Pero hay que avanzar.
Ha centrado usted el marco general, vamos ahora al particular. Aquí, en la Comunidad de Madrid, lo que más estupefacción ha causado a la sociedad en los últimos tiempos es ese audio de un CEO de Ribera Salud, en el Hospital de Torrejón de Ardoz. Ya sabíamos que puede haber disfunciones en la colaboración públicoprivada, pero nunca se nos había puesto delante la absoluta certeza de que esas perversiones existen y hasta se planifican. Nunca nos lo habían enseñado tan claramente. A los trabajadores y trabajadoras de Madrid nos preocupa mucho que dejemos de ser tratados como pacientes para empezar a ser tratados como clientes.
Hay que distinguir aquí entre lo que hemos hecho toda la vida en las comunidades autónomas, incluido yo cuando fui consejero de Sanidad del Gobierno Vasco, que es contratar de vez en cuando servicios privados para hacer oftalmología, ginecología, etcétera. En cualquiera de las comunidades autónomas se recurre a instituciones privadas para agilizar las listas de espera, y además esto se hace en toda Europa. Pero lo que ha pasado en Madrid no es eso. Lo que ha pasado aquí es que se ha cedido la gestión de varios hospitales públicos a una empresa privada con fin de lucro. Por tanto, es muy importante distinguir esos dos mundos, porque el primero no va a desaparecer, porque nos hace falta desde el sistema público, de vez en cuando, contratar servicios clínicos a la privada, pero para atender a pacientes públicos. Pero en ninguna comunidad autónoma que yo sepa, desde luego en la vasca nunca, a ninguno de los gobiernos del PSOE, del PNV o del cóctel de los dos se les ha ocurrido ceder la gestión de unos hospitales públicos a una empresa privada que además es internacional, que paga impuestos fuera y que se permite el lujo de hacer ese tipo de gestión con un fin de lucro. Es muy importante entender esa diferencia, porque yo noto que en los medios se está confundiendo un poquito esas dos cosas. La clave es que prácticamente a ninguna comunidad autónoma se le ha ocurrido razonar la sanidad de la forma en que se está razonando en Madrid. Si debilitas la atención primaria como se viene haciendo en esta comunidad autónoma y además haces esta gestión de “mercado”…, obviamente estás debilitando el sistema público.
Concentración contra la gestión de Ribera Salud en el Hospital de Torrejón de Ardoz el 12 de enero de 2026
FOTO: FRAN LORENTE
¿El sistema ideal sería entonces cuando los conciertos privados recaen en entidades sin ánimo de lucro?
Sí. Lo que le convendría a Madrid es hacer lo que se hace en Cataluña y en Euskadi, que es contratar organizaciones sin fin de lucro. Son organizaciones que los ingleses llaman “organizaciones independientes”, es decir, que están fuera del sistema público, pero puedes contratarlas para hacer servicios clínicos. Pero entregar uno de tus hospitales a una empresa privada porque no te convence el gestor público…, si eso no te convence, por lo menos entrégalo a una empresa sin ánimo de lucro. Aunque tengas que recurrir de vez en cuando al mundo empresarial, si recurres a organizaciones sin ánimo de lucro los pacientes verán que sus impuestos están siendo utilizados correctamente.
Precisamente hay una ley en ciernes, que podría comenzar su trayectoria parlamentaria en 2026, que va a limitar ese lucro en los conciertos sanitarios.
Lo que va a pasar en Madrid es que en vez de revertir la gestión privada van a intentar fortalecer los mecanismos de control. Yo en eso estoy absolutamente de acuerdo con la ministra de Sanidad: reforzar los mecanismos de control no va a ser suficiente, porque la tentación es demasiado grande: seguir trayendo pacientes de fuera del área para un modelo en el que Madrid va a seguir teniendo libre elección de médico y centro. En el resto de las comunidades autónomas no existe esa libre elección. Entonces la Comunidad de Madrid dirá “Mantengo la libre elección porque le va a mi ideología y además voy a fortalecer los sistemas de control desde la consejería a estos prestadores privados”. Creo que eso es lo que vais a ver.
Por lo tanto, una regulación más firme contra el ánimo de lucro es necesaria, pero además añado: es necesario que los sindicatos, vosotros, y los gobiernos, cambiéis el modelo de gestión de lo público. Y esto es muy importante, porque si solo lo fortalecemos a través de una ley que va a costar aprobar, porque hay demasiado calor en el mundo político nacional… Suponte que no se puede aprobar. Veremos que en Madrid se seguirá con el modelo de concesiones y nos dirán “lo tengo bajo control”. Pero lo que conviene de verdad es que esos hospitales privados vean que lo público está cambiando, y que los directivos y los clínicos pueden hacer cosas de forma diferente. Porque ahora es un sistema difícil, tremendamente rígido.
Te pongo un ejemplo: si eres el jefe de servicio de uno de nuestros hospitales y quieres ir creando un equipo porque llevas cinco años cultivando a unos MIR que trabajan contigo y tienes un equipo muy sólido, si de pronto llega una oferta de empleo público y se tienen que ir dos de los tuyos para que entren dos nuevos…, pues ese jefe servicio tiene que volver a empezar. No hay ninguna empresa pública ni privada que opere en esa lógica.
Es solo un ejemplo, ¿eh? Pero yo creo que sería muy bueno que en esa ley que comenta la ministra se incluyeran, dialogados con los sindicatos, cuatro o cinco cambios en la gestión de lo público. La razón principal es que la gestión que nos ha traído hasta aquí, que ha sido buena, es decir, desde Ernest Lluch hasta los últimos 40 años, era para un momento en que la medicina no operaba bajo los paradigmas de hoy. Ahora va todo muy rápido: las ciencias de la vida, todos los descubrimientos que se están haciendo en tratamientos contra el cáncer, la prevención, las capacidades diagnósticas, que podemos ya conocer solo con tu sangre qué enfermedades vamos a tener… Todo el mundo de la tecnología, de la IA, necesita un modelo de gestión de lo público muy diferente, mucho más flexible.
Durante la pandemia, hubo una serie de personas que dijeron «esta es la ocasión para aprovecharme»
También quizás habría que pensar en los salarios, ¿no? Porque vemos que se escapa mucho talento, y hay muchas carencias, sobre todo atención primaria, porque las condiciones en la sanidad pública madrileña no son buenas.
Sí, pero no se escapan solo por las condiciones laborales o el salario. Cuando hablas con el mundo clínico, cuando se van a otro hospital o a la privada, muchos lo hacen porque la medicina es muy vocacional y si no te dejan innovar en tu micromundo, en tu servicio, te quemas muy rápido. Estoy de acuerdo, es importante el sueldo, pero también una gestión pública muchísimo más ágil. Y si eso no se consigue, y no se pacta con los sindicatos, las comunidades autónomas intentarán siempre esas “maniobritas” como las que estamos viendo.
Entre esas “maniobritas” no puedo dejar de preguntarle por el caso del novio de la presidenta, “maniobrando”, nunca mejor dicho, desde el Grupo Quirón. La verdad es que no anima mucho a los madrileños a pensar que esto vaya a mejorar.
Eso es otro terreno de juego, que coincide con todos los que han robado durante la pandemia. Yo he trabajado mucho en la pandemia, hemos hecho casi todos todo lo que hemos podido en una situación de crisis tan especial. Y luego está esa serie de personas que han dicho “pues esta es la ocasión para aprovecharme”. No solo en este caso que comentas.
Claro que es incorrecto. El sistema de justicia tiene que demostrarnos que funciona. Tiene que funcionar en este caso también, no solo en algunos casos. Hay militantes de partidos, y también gente que no es de ningún partido en concreto, que han estado cometiendo ilegalidades y, por lo tanto, el ciudadano este del que hablábamos al principio, que necesita saber que hay un poquito de estabilidad en el país con su sanidad, le hace falta también saber que la justicia va a funcionar. Y te estoy dando una respuesta muy abierta porque el fondo de la cuestión es que aunque no existiese el caso de este señor y Quirón, seguiríamos estando ante un modelo de concesiones, y esto no está relacionado con quién es la pareja de quién.
Concentración ante el Capitolio a favor del Obamacare
FOTO: WILL O’NEILL
Señor Bengoa, hablemos del Obamacare y si realmente lo conseguido corre peligro en esta segunda administración de Donald Trump.
Bueno, el Obamacare sigue ahí, y ha conseguido que muchos americanos tengan hoy cobertura sanitaria. Imagínate, por ejemplo, una España donde 15 millones de españoles no tuvieran ninguna cobertura sanitaria. Eso es lo que pasaba. Obama consiguió organizar un modelo en el que los americanos debían tener un seguro y ese seguro tenía que aceptar a esos ciudadanos. Donald Trump en su primera legislatura, el Trump 1, no consiguió cambiar nada de eso. Ahora está intentando hacer una serie de cambios con el Congreso, con el mundo republicano, intentando dejar morir el Obamacare. Hace unos meses se congelaron miles de millones en partidas presupuestarias para servicios públicos. Para los demócratas, la razón principal de Trump era cargarse el Obamacare. Eso aún está en el aire. Pero sí, va a ser una de las grandes peleas en Estados Unidos, intentar que Trump no se cargue el Obamacare. Lo que pasa es que es muy difícil quitarle a alguien derechos una vez que los ha adquirido. Y la popularidad de Trump ha descendido en los últimos meses. Acabar con el Obamacare le hundiría más aún. El Obamacare ha sido un éxito y va a ser muy difícil de revertir. Esperemos que Trump se dedique a otras cosas.
Volvemos a nuestro país, doctor Bengoa. ¿Corremos el peligro en España de que la sanidad pública acabe siendo eso tan bueno que tuvimos en el pasado, esa utopía que funcionó tan bien? Porque tenemos motivos para estar preocupados, al menos en Madrid.
Todos estamos preocupados. Y por eso todos los que creemos en el sistema público tenemos que conseguir una gestión más ágil. El modelo de privatización no es el modelo que necesitamos. El modelo que necesitamos es el que perpetúa lo público, pero con una gestión mucho más ágil. Porque con la revolución de la medicina, la demografía y la cronicidad que tenemos encima tenemos que hacer muchas cosas y muy rápidas. Tenemos que cambiar para adaptarnos.



















