ENTREVISTA A

Ana Belén Santiago Pérez

DIRECTORA DEL TEATRO DEL BARRIO
Texto: Edu Mesa
Foto: Fran Lorente / Teatro del Barrio

“Desactivamos los discursos del odio con la celebración de lo colectivo”

Flamantes ganadoras del Premio Nacional de Teatro 2024, las integrantes del equipo del Teatro del Barrio nos reciben en su casa. En realidad, la casa de todo un vecindario: Lavapiés.

El Teatro del Barrio de Lavapiés es un ejemplo, entre otros muchos, de cómo el mundo de la cultura, en sus diferentes facetas, debe jugar un papel fundamental para poner frente al espejo las actitudes autoritarias y los abusos de poder.

En primer lugar, enhorabuena por el premio a toda vuestra trayectoria. Un reconocimiento al papel de la cultura comprometida con la gente. 

El teatro del barrio lo fundaron Alberto San Juan, Paloma Domínguez y Vanessa Espín y una serie de personas guiadas por una intuición: tenía sentido cear un espacio para que desde las artes se reflexione sobre lo político. Y diez años y medio después sigue teniéndolo por otras razones. Un proyecto compuesto por una pluralidad de voces, que actualmente cuenta con 680 socias y por el que han pasado cerca de 500.000 espectadores y millares de artistas. Es un premio a todos los colectivos que nos rodean. Es un reconocimiento a la construcción en común.

Estas derivas autoritarias que parecen campar a sus anchas y se quieren normalizar se enfrentan a través de la práctica de lo común. Porque cuando hablamos de lo común, hablamos de diversidad. Las comunidades que tienen sentido y cohesión son las que celebran las multitudes de cuerpos, de ideas, de voces, de experiencia, de vida. La fuerza está en celebrarnos como una comunidad diversa.

Casi siempre los nombres suelen ser “Teatro Real”, “Gran Teatro”, etc. Hablan de lo grandioso, lo espectacular, lo fastuoso. Llamar a un teatro Teatro del Barrio lo dice todo. 

Lo dice todo, porque está enclavado en Lavapiés. Al final los barrios son los núcleos donde se establecen relaciones, vínculos reales entre personas que se juntan para observar y decidir cómo organizar la vida y cómo construir una buena vida en común. Teatro del Barrio nos define, le hacemos honor y nos gusta.

¿Es Lavapiés el reflejo de cualquier barrio popular de España?

Para mí Lavapiés es el futuro de los barrios de España. Actualmente en Madrid podemos nombrar unos cuantos en los que no se ve tanta diversidad. Aquí existe esa diversidad porque las personas que habitamos Lavapiés tenemos orígenes diversos, formas de vida diversas, formación y actividad laboral diferente. Es el futuro porque aquí pensamos que el futuro es algo por construir.

Teatro del Barrio

Este proyecto es una herramienta fundamental para fomentar el acceso a la cultura de todos y todas.

Totalmente. Y también una herramienta contra la banalización del hecho cultural considerado un medio para evadirnos de una vida difícil, para entretenernos y olvidar nuestros problemas. Para nosotras el teatro nació como una oportunidad de señalar los abusos de poder y los conflictos entre quienes oprimían o estaban en situación de privilegio y el resto de la sociedad. Y el legado continúa. La sociedad tiene derecho a esa mirada crítica sobre su propio mundo y su propio tiempo.

Nos falta mucha comprensión y conocimiento sobre lo que está al lado, porque al final esa tormenta de información acaba generando una niebla en la que es imposible verse. Y el teatro, con su pausa y con su metáfora, como los cuentos de hadas, es un lugar que nos permite comprender, nos permite parar, escuchar, conocer otras vidas y desde esas otras vidas, preguntarnos sobre la nuestra o sobre la de la vecina del quinto con la que nos cruzamos en la panadería o en el ascensor.

Os han premiado, entre otras cosas, por vuestra labor pedagógica y la democratización del saber. ¿Cómo se hace esto? 

La alquimia es sumar gentes y miradas, saber que juntas y convocando, ilusionando y generando la posibilidad en otras personas de apropiarse de una idea, de un proyecto y hacerlo suyo, contribuimos también a darles la posibilidad de crear ideas que sumen. Los teatros son un lugar que abres a personas que puedan sentirse invitadas a compartir lo que conocen o lo que les inquieta.

En el premio hablaban de la Universidad del Barrio, un proyecto que retomaremos el próximo año. Es una actividad que se desarrolla los lunes y es gratuita, quizá el mejor ejemplo de la democratización del saber. En estos ciclos se convoca a personas que trabajan en universidades o son investigadoras y expertas en determinados temas que no están tan incluidos en los currículos. Prestan otras miradas, otros enfoques sobre cómo se ha configurado nuestra historia y sobre eso que llamamos economía, que parece que solo es economía capitalista y no economía, como si no hubieran existido otras formas de relación, de intercambio de materiales y dinero a lo largo de la historia. Y en ese sentido, creo que la Universidad del Barrio ha sido elocuente, más allá de otros ciclos que tenemos como Acción Vecinal, que se desarrolla los martes, y está más enfocado al activismo político o la propia formación en términos de teatro profesional.

¿Cómo se eligen los proyectos que se llevan a escena? 

Yo tengo la preciosa responsabilidad de la programación artística, o digamos, la línea artística del teatro, pero lo hago con la ayuda de una comisión, la Comisión de Teatro, formada por las socias de la cooperativa. Nos reunimos una vez al mes y compartimos impresiones sobre propuestas que nos llegan o propuestas que vemos sobre temas que tendríamos que abordar desde la escena. También estamos en diálogo permanente con la comunidad de artistas que sienten este lugar como su casa.

«Lavapies es el futuro de los barrios de España. Aquí existe esa diversidad porque las personas que lo habitamos tenemos orígenes diversos»

A pesar de ser un teatro modesto y humilde, grandes nombres de la escena han actuado en esta sala con apenas 100 butacas. ¿Cómo han vivido la experiencia? 

Es algo que nos encanta, la modestia y la humildad que tienen los grandes artistas. Por ejemplo Pepe Viyuela. Cuando abrimos una temporada con uno de sus montajes al principio pensaba que cuatro funciones eran muchas y que quizá no íbamos a llenar la sala. De este modo, él no daba por hecho su propia importancia, ni el propio sex appeal o la capacidad de atracción, algo genuino de las mentes creadoras y de los artistas.

Hay algo que sucede estando aquí, que se sienten bien, no solo por el trato que les damos aquí, con un nivel de flexibilidad máximo. Hay esta hermandad, esta predisposición a escuchar, atender, ayudar a la persona que viene, que creo que es algo muy valorado, es algo que aportamos las personas que estamos en el equipo, pero también es una energía que emana toda persona que viene aquí.

La experiencia de tener este tamaño pequeño nos permite también vivir y proporcionar la posibilidad de que puedas escuchar el suspiro de un intérprete desde la séptima fila y los actores y las actrices dicen que escuchan los suspiros, casi las sonrisas, gracias a la proximidad que se genera aquí. Aquí estamos cerca, estamos cerca todas. El público, las artistas, el equipo, las socias, el barrio. Estamos cerca.

Sois un teatro que habla, pero que también escucha, ¿qué inquietudes os llegan de la calle? 

Nos ha tocado una pandemia, unos cambios permanentes, un desarrollo de las tecnologías, un sector joven adolescente, viviendo esa etapa tan compleja y apasionante de la vida de la manera más compleja. Intentamos escuchar, escuchar los problemas. En Lavapiés entendemos parte de los conflictos radicales, como la gentrificación o los pensamientos racistas, pero también vemos las oportunidades de construcción. Eso nos implica, nos atañe como teatro. Dar un paseo por el barrio ya nos habla de cuestiones que son radicales en nuestra programación, que tienen que ver con dar voz a quien está silenciada. Entonces hablamos de propuestas antirracistas, de los amores libres, las identidades de género y de afectos, la integración de las personas con discapacidad, de la construcción de una sociedad igualitaria, del feminismo.

Con lo crecida que está la ultraderecha, ¿cómo lleváis los ataques e intentos de censura? 

Sí, hemos vivido ataques, aunque no han supuesto problemas en nuestra actividad ni en nuestra moral. En 2020 tuvimos que contratar seguridad porque la artista Pamela Palenciano estaba sufriendo amenazas por parte de determinadas personas por redes sociales, a raíz del estreno de su monólogo No solo duelen los golpes. Algunos círculos de redes sociales son una auténtica jauría. Y es cierto que algunas personas que vienen a nuestro escenario tienen esa presión y en alguna ocasión hemos tenido que adoptar medidas. Estos discursos autoritarios nacen de sensaciones de frustración, soledad, rencor, odio, de la parte visceral del ser humano. Ese caldo de cultivo genera enemigos falsos, genera miedos y genera un puño de odio hacia los que creen que son el causante del problema.

Nuestros recursos son la celebración, la aceptación y la reivindicación de la vulnerabilidad. Celebrando y hablando mucho para construir vínculos entre comunidades. Desactivamos los discursos del odio con la celebración. No tenemos porqué estar de acuerdo, pero vamos a buscar los lugares intermedios. La celebración de lo colectivo, acercarnos a la felicidad o el cobijo que necesitamos como seres sociales dependientes y vulnerables que somos en solitario y cuán poderosos y poderosas somos en lo colectivo.

Teatro del Barrio

El poder de lo colectivo quedó patente en la pandemia cuando el Teatro del Barrio se convirtió en “despensa solidaria” para dar de comer a los que lo habían perdido todo. 

Aquello fue un hito, porque hay algo material y tangible que es aplastante. Ante el hambre, un plato de comida llegó a ser un hito en nuestra acción o intervención social o nuestra voluntad, porque fue como pasar a la acción directa, clara y ágilmente.

La cultura es un bien esencial porque articula conocimiento, articula comunidades, articula un relato sobre el pasado, articula la posibilidad de imaginar futuros. Y todo eso es consustancial a la posibilidad de sentido que tenemos como personas. Necesitamos comer, necesitamos dormir, necesitamos cobijarnos, pero necesitamos formar parte de algo, de un grupo. Necesitamos soñar. Y las herramientas para soñar las facilita el arte, la cultura.

En este momento que vivimos a nivel global, ¿es más necesario que nunca agitar conciencias? 

Creo que no es muy atrevido o imprudente decir que hay una cierta sensación de agotamiento, de apatía, depresión, de un modus vivendi que tenemos tan normalizado y que manifiestamente nos aleja de la posibilidad de estar bien, simplemente. Hay que agitar, sí. Como cuando tienes el cuerpo entumecido y necesitas agitarlo para que se despierten los músculos. Me gustaría pensar que proponemos eso, una agitación para despertar músculos, levantar la mirada y decir “Bueno, ¿a dónde vamos? ¿Y cuánta más gente hay aquí para ir allí?”

¿Qué temas pendientes por tratar le quedan al Teatro del Barrio?

Hay temas pendientes que tienen que ver con las personas mayores a los que deberíamos prestarle también una mirada, especialmente después de lo que sucedió en las residencias durante la pandemia. Y pensamos en la juventud, sin duda alguna. Y como nuestro teatro es feminista, también seguiremos trabajando en proyectos en pro de esa construcción de una sociedad igualitaria, con las mismas oportunidades para todas las personas.

Nosotros como sindicato sociopolítico defendemos la importancia de la cultura como instrumento para fomentar la solidaridad, para luchar por las mejoras sociales. ¿Seguiréis apostando por la cultura como arma para cambiar las cosas?

Sin duda alguna. Ahora, que ya nos lo reconocen los grandes, el Ministerio de Cultura, nos han dejado el encargo de seguir siendo así. Ya nos valía con el reconocimiento del barrio, de los artistas y de los públicos, pero ahora mucho más. Así que recogemos el encargo con entusiasmo y con la responsabilidad de estar atentas, de no perder esa escucha, de seguir siendo un espacio para el barrio, para la ciudad, para los artistas, para quienes no tienen voz. Seguiremos siendo ese altavoz. ■

RAFAEL BENGOA

ASESOR DEL OBAMACARE Y EXCONSEJERO DE SANIDAD Y CONSUMO DEL GOBIERNO VASCO

Lorena Gamito

DIRECTORA DE ACCIÓN HUMANITARIA DEL COMITÉ ESPAÑOL DE LA UNRWA

Estela Díaz

MINISTRA DE MUJERES Y DIVERSIDAD DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES, ARGENTINA