
Manifestantes en solidaridad con Gaza el 14 de septiembre de 2025
FOTO: FRAN LORENTE
Secretaria General de CCOO Madrid
Nos recibe Óscar López (Madrid, 1973) en la sede del PSOE de la calle Miguel Fleta, inaugurada este mes de septiembre después de que el partido haya pasado por varios locales de poco y mucho renombre en Madrid: la calle Buen Suceso, la Plaza de Callao… Es un edificio de cinco plantas que huele a nuevo, en Canillejas, un barrio que el secretario general del PSOE de Madrid reivindica como suyo. Y es que, aunque su vida política ha tenido mucho que ver con Castilla y León, López se reconoce a sí mismo como ese madrileño hijo de padres que emigraron desde Riaza (Segovia) a la capital para labrarse un futuro. En la sede, situada en un polígono industrial lleno de naves, pero también de co-workings de diseño y coquetas cafeterías, nos acoge el secretario general del Partido Socialista de Madrid y futuro candidato a la presidencia de la Comunidad: el hombre que se va a enfrentar a Ayuso en las próximas elecciones. De lo primero que hablamos es de esas tres décadas en las que el PP se ha hecho con los gobiernos de la Comunidad de Madrid.
El sueño de la razón produce monstruos. Monstruos alimentados por las fuerzas reaccionarias extremistas y autoritarias que amparan el genocidio del pueblo palestino ante los ojos de la humanidad.
El Gobierno de Israel y sus aliados se sienten impunes y nosotros tenemos la obligación de no callar, de no callar ni un solo minuto, de dar voz a quienes se quiere silenciar. Hacer que se escuche la voz de los niños y de las niñas asesinadas por el odio. Dar voz a las mujeres y hombres palestinos asesinados cuando tratan de conseguir un poco de comida. Dar voz a las personas masacradas por salir en su ayuda.
Es obligación nuestra poner frente al espejo a aquellos que consienten, apoyan, callan o se muestran impasibles.
Porque Gaza, Cisjordania, Palestina, son nuestra prioridad.
Por eso en cada uno de nuestros actos y actividades, denunciar a los monstruos, dar voz a las víctimas, organizarnos y movilizarnos, es nuestra obligación.
La violencia contra el pueblo palestino, la indiferencia ante los derechos humanos y el orden internacional es el ejemplo extremo de la violencia desatada en nuestras sociedades, donde el monstruo de la extrema derecha crece alimentado por la desigualdad, la incertidumbre y el miedo que, tras una cortina de populismo y mentiras, atrae a los colectivos que sufren las peores consecuencias de un sistema depredador de personas y de recursos.
Estamos ante una batalla ideológica y no debemos tener vergüenza en defender los valores fuertes que nos caracterizan como sindicato sociopolítico, donde el mundo del trabajo es el elemento común que unifica todas las diversidades
El miedo, el odio al diferente y a las mujeres, la desafección de la política y el abandono de lo común, de lo colectivo, apoyados por determinados medios de comunicación, están minando la democracia desde dentro incluso de las propias instituciones, cuestionando los elementos básicos de la cohesión social y la convivencia.
En este contexto, la derecha está demostrando que comparte las posiciones de la extrema derecha. El partido de la extrema derecha lo que ha hecho es abrirles la puerta para dejar ver su auténtica naturaleza en consonancia con la radicalización de la derecha internacional y revelando la fragilidad democrática de la derecha española en su conjunto y, en especial, de la madrileña.
Estamos ante una batalla ideológica y no debemos tener vergüenza en defender los valores fuertes que nos caracterizan como sindicato sociopolítico, donde el mundo del trabajo es el elemento común que unifica todas las diversidades y las agrupa para avanzar en la transformación social basada en la igualdad entre todos los seres humanos.
Madrid es una pieza esencial del tablero, y las CCOO de Madrid somos la fuerza fundamental para promover cambios en beneficio de las personas trabajadoras. Por eso debemos afrontar el próximo periodo con objetivos claros.
El primero, la igualdad entre sexos. No puede construirse una sociedad igualitaria sobre la exclusión de más del 50 por ciento de población. Asistimos a un debate público en el que la palabra feminismo se utiliza como arma arrojadiza, como elemento de polarización y de división, puesto que el avance en los derechos de las mujeres está siendo utilizado por la derecha para azuzar el miedo de algunos hombres a perder su estatus, en lugar de sumarlos a la lucha por una sociedad de iguales.
Vox lleva meses intentando organizar pogromos en nuestros barrios y comarcas, con el apoyo del Gobierno de la Comunidad de Madrid y de algunas alcaldías gobernadas por el Partido Popular, vinculando la inseguridad a las personas extranjeras
La violencia ejercida contra las mujeres es la punta del iceberg del modelo patriarcal, un elemento de “disciplinamiento” para someternos y encerrarnos de nuevo en el hogar.
Por lo tanto, este 25N debe ser especialmente potente. Un 25N contra todas las violencias que sufrimos las mujeres a diario, en los hogares, en los centros de trabajo o en la sociedad, y en recuerdo de las 28 mujeres asesinadas en lo que va de año.
Otra prioridad es el combate contra la xenofobia. Vox lleva meses intentando organizar pogromos en nuestros barrios y comarcas, con el apoyo del Gobierno de la Comunidad de Madrid y de algunas alcaldías gobernadas por el Partido Popular, vinculando la inseguridad a las personas extranjeras. Y, lo que es peor, señalando a los menores, a niños y niñas. La sociedad madrileña ha demostrado su valentía, evitando escenas como las vistas en Inglaterra, pero debemos seguir construyendo un imaginario de un Madrid diverso, facilitando la integración de las personas migrantes y la presencia de las personas racializadas en igualdad de oportunidades, lo que no podrá lograrse mientras las mismas sigan siendo víctimas de discriminaciones en el mercado laboral.
Finalmente, nuestra prioridad en el próximo periodo será lograr que se implementen políticas de vivienda asequible. Desde el control de alquileres, que la Comunidad de Madrid se ha negado a implementar, a la eliminación de todos los elementos que favorecen la especulación con el suelo en lugar de priorizar el acceso a una vivienda principal digna. Y, por supuesto, la rehabilitación y construcción de un parque de vivienda público digno de este nombre, que puede suponer, además, la oportunidad de transformar nuestro espacio urbano en un entorno menos segregado y menos hostil con las personas trabajadoras.
No tenemos un escenario ni fácil ni halagüeño, pero sí una obligación, y esta es la de reforzar nuestra organización para aportar certezas, cercanía, confianza a los nuestros, a las nuestras, a los trabajadores y a las trabajadoras.
Somos conscientes del trabajo que nos queda por delante, tenemos una organización fuerte que demuestra permanentemente su compromiso en defensa de los nuestros y de las nuestras. Una organización internacionalista que sabe que la lucha aquí es una lucha por el futuro de toda la humanidad.
Asistimos a un debate público en el que la palabra feminismo se utiliza como arma arrojadiza, como elemento de polarización y de división
FOTO: FRAN LORENTE
FOTO: FRAN LORENTE
Con el clima antisindical que se vive en algunos países de Latinoamérica, como en la Argentina de Milei, aumenta el temor a que esta fiebre antiderechos se extienda por Europa…
Esta corriente ultra que recorre el mundo está siempre en contra del feminismo, del cambio climático y del sindicalismo. Da igual que sea Estados Unidos, Argentina, Brasil o España. Siempre hay un ataque sostenido contra los sindicatos. En nuestro país, los sindicatos están recogidos y amparados en la Constitución española. Son un elemento fundamental, la pieza esencial del diálogo social. A esa pregunta que lanzan los ultras de “¿para qué sirven los sindicatos?” yo les digo: ¿Quién consigue los derechos para los trabajadores? ¿Quién reivindica? ¿Quién exige? ¿Quién logra acuerdos? La mayoría de los avances que disfrutamos hoy en este país se deben a la lucha de los sindicatos. ¿Alguien piensa que el salario mínimo o la reforma laboral caen del cielo? Ni en los mejores sueños de Rajoy España iba a llegar a 22 millones de afiliados a la Seguridad Social, él soñaba con 20. Luego vienen aquí los ultras y los fachas de todo el mundo a España para oponerse a un gobierno que desmonta todos los mantras neoliberales y está demostrando que la justicia social no solo es compatible con el crecimiento económico, sino que genera más crecimiento. En esto los sindicatos no son ajenos, porque todos los logros que hemos conseguido como trabajadores han sido gracias al indiscutible papel de los sindicatos.