
FOTO: FRAN LORENTE
Concha Mayordomo ante el lienzo de Guercino, «Susana y los viejos».
FOTO: FRAN LORENTE
LA CONVERSACIÓN QUE NUNCA TUVIMOS, PREMIO PROCESO 1001 DE LA FUNDACIÓN PRIMERO DE MAYO DE CCOO A LA MEJOR PELÍCULA DOCUMENTAL, NOMINADA A LOS GOYA 2026
“Para esa cerraja valen todas las llaves”. Solo una frase, siete palabras, puede hundir una vida en el silencio y la vergüenza.
Esa frase es la que un joven de un pequeño pueblo soriano le dijo a su novia cuando ella le contó que se había quedada embarazada.
Años 50, España, Cabrejas del Pinar, Soria. Exterior, día. La conversación que nunca tuvimos. Cinema verité en estado puro. Llegar con un proyecto tan íntimo y personal a la nominación a los Goya es una verdadera proeza. Un hecho maravilloso que pone toda la atención en una historia en apariencia pequeña —la de una madre soltera y su hija en los años 50—, pero que en realidad es una historia universal. El documental, rodado en la intimidad de una sala de estar y realizado con pocos medios —los necesarios— reflexiona sobre el machismo, los tabúes y el silencio. Le preguntamos a la directora Cristina Urgel (Soria,1979), cómo se fraguó la idea del corto.
Mi abuela fue madre soltera en los años 50 en un pueblecito muy pequeño de Soria. En aquella época suponía ser la proscrita, la puta del pueblo, la vergüenza de la familia. Yo conocía una versión reducida de aquello, era un tema tabú. Y mi madre y mi abuela siempre arrastraron una relación un poco complicada. Siempre pensé que era precisamente por eso, por no hablar, eso es muy de Castilla, lo de no hablar las cosas. Yo muchas veces le preguntaba a mi abuela, pero ella decía: “Déjate, eso son historias antiguas. No, no me preguntes”.
Sin embargo, un año antes de que muriera logré que me contara su historia. Y me iluminé. Me dije, esto me parece que va a ser una vez y no más, así que la grabé con el teléfono. Y la verdad es que tuve con ella una larga conversación. Yo le iba preguntando y ella me fue contando toda la historia, desde el principio. Fue muy revelador, la verdad, porque yo entendí muchas cosas del carácter de mi abuela que antes no entendía. A la vez, sentí que yo estaba teniendo con ella realmente la conversación que debían tener madre e hija. Y entonces se lo comenté a mi madre: “he hablado con la abuela, yo creo que debes hablar con ella… Vas a entender muchas cosas. Creo que me ha contado cosas que tú no sabes”. Y bueno, ahí se quedó.
Por desgracia, mi abuela falleció un año después y no supieron tener esa conversación. Y entonces yo le dije a mi madre: “En algún momento te pondré los audios, porque creo que te va a ayudar mucho a pasar el duelo. Cuando estés preparada…”. Y entonces pensé en rodar, porque creo que es un documento maravilloso que pone voz a historias silenciadas, a mujeres que han sido silenciadas.
La sociedad actual les debe mucho a estas mujeres, porque ellas abrieron camino y aguantaron; por ellas las mujeres de hoy vivimos en una sociedad más justa, porque ellas soportaron muchas injusticias. Y entonces le dije a mi madre “te voy a enseñar los audios, pero voy a rodar”.
Cabrejas del Pinar, a 38 km. de la capital soriana, 288 habitantes en la actualidad
FOTO: J. A. AGUIRRE
¿Y cómo reaccionó tu madre, qué dijo cuando le dijiste que lo ibas a rodar?
Bueno, al final me dijo “si para tu trabajo vale…”. Yo creo que no era muy consciente de dónde se iba a meter. Las semanas previas estaba un poco nerviosa y me decía “pero ¿qué tengo que decir?”. Y yo le decía “mamá, la magia está en que tú digas lo que te nazca cuando escuches a la abuela”. La magia del documental es que mi madre escucha a su madre contar la historia por primera vez, y tienen esa conversación que nunca tuvieron, aunque la abuela ya no esté. Y la verdad es que fue mágico, muy sanador. Se creó un clima mágico a pesar de las tres cámaras que yo puse, porque íbamos a toma única. Éramos mi madre y yo con la abuela, y rodamos del tirón sin parar, hablando durante tres horas.
Así que ella me va contando su visión, como niña, y cómo ese hecho lo fue arrastrando toda su vida, esa sensación de hija no deseada. No nos podemos olvidar de esos niños, los hijos de las madres solteras, que también sufrieron el estigma de sus madres. Esa conversación, esa que nunca tuvieron, fue muy sanadora para todas.
Cartel del cortometraje La conversación que nunca tuvimos nominado a los Goya 2026
IMAGEN: PRODUCTORA NOT ALONE
Es un material muy íntimo, muy familiar. Pero es una historia universal: pasaba, y seguramente seguirá pasando en muchos sitios.
Claro, yo ubico la historia de mi madre y mi abuela en los años 50. Ser madre soltera en los años 50. Pero no olvidemos que esto siguió pasando hasta muchos años más tarde. A mi abuela le pasó en un pueblecito pequeño de Soria, Cabrejas del Pinar, y allí pudo sacar a su hija adelante. Pero en las grandes ciudades las mandaban a conventos, y luego está toda la historia de los niños robados… Para la sociedad, y también para la familia, estaban proscritas porque se quedaban embarazadas solteras. Y esto seguía pasando hasta bien avanzados los 80, ya con la democracia.
Son historias silenciadas y creo que darles voz ha sido muy bonito. En cada recorrido, en cada pase del documental se me acercaban mujeres dándome las gracias por dar voz a historias como esta, porque a la que no le había pasado personalmente tenía una familiar a la que sí le había pasado. En un pase una mujer me dijo “yo soy más joven que tu abuela, pero mira, esta es mi hija y soy madre soltera, y muchas cosas de las que has contado me resuenan en la cabeza”. Por desgracia, eso ha sido así, y es. Ha sido muy común, y sobre todo muy silenciado.
Nos impactó mucho, cuando vimos la película, saber que ese hombre, tu abuelo, estuvo viviendo allí en el pueblo y que prácticamente todo el mundo lo sabía. Y solo al final se acercó a tu abuela.
Yo le llamo el padre de mi madre. Llamarle abuelo me parece demasiado. El vivió los primeros años allí, pero luego se marchó. En aquellos pueblos de la España vaciada, y Soria lleva vaciándose desde hace muchísimos años, la gente empezó a emigrar a Cataluña y al País Vasco. Y él también emigró. Yo siempre pensé que se marchó en cuanto mi abuela se quedó embarazada, pero en esa conversación que tuvimos mi abuela me dijo que no, que tardó unos años en irse. No sé si mi madre tendría cinco o seis años cuando él ya se fue a buscarse la vida a otro lado y eso, de verdad, me dejó muy impactada: que el mantuviese su vida en el pueblo. Sin embargo, la vida de mi abuela se acabó. Así me lo dijo: “me quedé embarazada y mi vida se acabó”.
Cómo fue el proceso de decidir qué mostrar y qué no mostrar de todo el material que grabaste.
Muy complicado. De hecho ahora estoy con la versión de largometraje porque creo que la historia se merece algo más que veinte minutos, es una historia con muchas capas, compleja. En este largometraje ahondo en cómo mi abuela tuvo que buscarse la vida en ese entorno tan humilde, porque en mi familia apenas tenían para comer. Como dice mi madre: “Éramos cuatro y había tres huevos fritos “.
Fotogramas del cortometraje La conversación que nunca tuvimos
FOTOS: PRODUCTORA NOT ALONE
La nominación al Goya está dando ya una enorme visibilidad a tu proyecto. ¿Qué es lo que más te gusta de esta nominación?
Yo siento que quienes están nominadas son mi abuela y mi madre. Yo siempre sentí que mi abuela estaba siempre en segundo plano, hablaba muy poco. En las fotos apenas aparece. Nunca rehízo su vida. O sea, jamás volvió a estar con otro hombre. Ella junto a mi madre eran como actrices secundarias de su propia vida. Y ahora yo las he hecho protagonistas. Su vida es importante. Ellas están marcadas por una sociedad muy machista y patriarcal en la que, fíjate, mi abuela lo que más añoraba en su vida y lo que más envidiaba eran las parejas, la familia tradicional. Y la película sirve para decirles a mi madre y a mi abuela que su vida es igual de válida que la de las familias tradicionales, y que estamos orgullosas de ellas. No importa que haya faltado una figura masculina, que está muy bien, sí, que lo ideal es tener a tu padre, pero que su vida, la de las dos, ha sido igual de válida. Y que estoy orgullosa de llevar el apellido García, que es el de mi abuela y el de mi madre.
¿Tu abuela sabía que le ibas a poner a tu madre esa grabación?
No, fue un año antes de que falleciera. Yo creo que ella ni fue consciente de que la estaba grabando, y ahora desde arriba estará diciendo “Qué loca estás”.
Tu documental, Cristina, ganó, entre otros premios, el de mejor cortometraje de la Fundación Sindical Ateneo 10 de Mayo y CCOO de Madrid. Así que nosotros apostamos y vamos a poner toda la fuerza para los Goya.
Muchas gracias por vuestro apoyo, porque además ese día que me disteis el premio fue la primera vez que mi madre vio el corto en pantalla grande. Mi madre había estado muy pachucha, y que su hija recibiese un premio… fue muy bonito.