Francina Armengol , presidenta del Congreso, y Soraya Triana, pintora, en la presentación del retrato de Clara Campoamor
FOTO: FRAN LORENTE

Concha Mayordomo ante el lienzo de Guercino, «Susana y los viejos».
FOTO: FRAN LORENTE

94 AÑOS DESPUÉS…

EL CONGRESO SALDA LA DEUDA CON LAS NUEVE DIPUTADAS DE LA II REPÚBLICA

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Clara Campoamor, Victoria Kent, Margarita Nelken, Dolores Ibárruri, Julia Álvarez, María Lejárraga, Veneranda García-Blanco, Matilde de la Torre y Francisca Bohigas. 

Es posible que conozcamos algunos de estos nueve nombres; otros, la mayoría, no nos suenan de nada. Y, sin embargo, en su día fueron pioneras en un campo, la política, al que prácticamente todas las mujeres tenían vedado el acceso. Todas ellas fueron diputadas de la II República; de los 470 diputados que tenía el Congreso en 1931 solo nueve eran mujeres. Y han tenido que pasar 94 años para que la Cámara Baja, la representación del pueblo, les rinda el debido homenaje y respeto. 

La Mesa del Congreso acordó colgar en la Cámara los retratos de todas las diputadas de la II República, de modo que se salde así una «deuda histórica» con estas mujeres pioneras. En el espacio donde estarán los llamados “tondos” (retratos de forma circular), el Vestíbulo de la Reina del Palacio del Congreso, hasta ahora los ilustres eran todos hombres. 

Campoamor vs. Kent: el debate de octubre de 1931

«Resolved lo que queráis, pero afrontando la responsabilidad de dar entrada a esa mitad del género humano en política, para que la política sea cosa de dos». Esta frase que hizo historia fue pronunciada por la diputada Clara Campoamor el 1 de octubre de 1931. Fue uno de esos días en que, si hubiese habido televisiones y redes sociales, habrían ardido de polémicas, tertulias, comentarios y directos en la Puerta de los Leones. Clara Campoamor, diputada del Partido Republicano Radical, defendía en el pleno una proposición para aprobar el sufragio femenino. El debate con Victoria Kent, del Partido Republicano Radical Socialista, fue apasionado: «Creo que no es el momento de otorgar el voto a la mujer española. Lo dice una mujer que, en el momento crítico de decirlo, renuncia a un ideal», admitía Kent, que defendía un aplazamiento de esa decisión porque las mujeres españolas, sostenía, influenciadas por la Iglesia, no estaban preparadas y podrían votar en contra de la República. Temía Kent un error histórico. Estando ambas de acuerdo en el fondo, aunque no en la estrategia, podemos adivinar que se enfrentaron a las burlas y la sorna de muchos de los diputados hombres, no necesariamente todos conservadores. Finalmente, la iniciativa de Campoamor prevaleció, y el sufragio femenino fue incluido en la Constitución de 1931, lo que permitió a las mujeres votar por primera vez en las elecciones de 1933. 

En esa misma legislatura, Campoamor y Kent compartían escaño con otras siete diputadas: cinco de ellas del PSOE, una del PCE, Dolores Ibárruri (que repetiría como diputada en la democracia del 76), y la única diputada de derechas, Francisca Bohigas, de la CEDA… ”¡Tampoco se puede decir que fuera muy de derechas!”, asegura Isaura Leal, secretaria segunda de la Cámara por el grupo socialista, y una de las promotoras de la iniciativa de hacer justicia a las nueve diputadas de la República. “El hecho de ser en aquel momento mujer y diputada ya implicaba que no era una persona acomodada a las circunstancias de la época”.

Libro de credenciales de los diputados al Congreso en 1931
FOTO: PROPIEDAD PATRIMONIO CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

El primer retrato, el de Clara Campoamor

En agosto de 2023, la socialista Francina Armengol fue elegida presidenta del Congreso de los Diputados. “Una de las cosas que más me extrañó cuando llegué a la presidencia del Congreso —nos dice Armengol en su despacho— fue que cuando me paseaba por los maravillosos pasillos y salas de este edificio histórico veía que no había ni una sola mujer en los cuadros de las paredes”. Solo un año después anunció su intención de colgar los retratos de las republicanas en las paredes del Congreso.

Inmediatamente se creó un grupo de trabajo en el seno de la Mesa y se pidió a los grupos que propusieran candidatas para ser inmortalizadas. Pero solo hubo consenso en una mujer: la sufragista del Partido Radical, Clara Campoamor. Pero el plan de PSOE y Sumar es el de completar la presencia femenina de la galería de tondos con las otras ocho mujeres, las primeras parlamentarias elegidas en la II República. “Esta falta de visualización hace que se inocule el olvido del papel fundamental que tiene la mujer en todos los campos, también en la política. Me parece que tenemos que hacer justicia, visibilizar el papel de las diputadas que ayudaron a que España sea una realidad democrática y que nuestro país funcione desde los valores éticos que compartimos”.

Pero en julio de 2025 el PP no quiso participar en la votación para incluir retratos de las otras diputadas, además de Campoamor, en el Vestíbulo de la Reina. Las reticencias de los populares se centraban principalmente en la inclusión del nombre de Dolores Ibárruri, Pasionaria. “El PP siempre se resiste a cualquier avance, no importa de qué se trate —dice Isaura Leal—, ya sea en igualdad o en cualquier tema que signifique un avance sobre el statu quo establecido; siempre hay un principio de resistencia, y eso a pesar de que la presidenta Armengol propuso que se reconociese a todas las mujeres, fueran del partido que fueran. Por eso está Francisca Bohigas, diputada de la CEDA”.

Francina Armengol, presidenta del Congreso, e Isaura Leal, secretaria segunda, ambas del PSOE, impulsaron la iniciativa de los retratos de las diputadas republicanas de 1931
FOTO: FRAN LORENTE

El proceso está siendo largo y tortuoso. El primer proyecto que se pidió, a la artista palentina Soraya Triana, fue el de Clara Campoamor, pero aún quedan por licitar los encargos de los otros ocho retratos. El tondo de Campoamor se presentó durante el acto de conmemoración del 94 aniversario de la aprobación del sufragio femenino, reconocido por primera vez en España en aquel año 1931. 

“Buscamos el máximo consenso con todos los grupos, porque estamos hablando de un acuerdo y de una decisión a perpetuidad —explica la presidenta Armengol—, hay que hacer justicia a las otras ocho mujeres, sean del partido que sean. Creo que, sinceramente, sin ellas la historia habría sido diferente. Y yo creo que peor”.

Quién sabe cuándo se habría aprobado el sufragio femenino sin el empuje de estas mujeres republicanas. 94 años después, el expediente para colocar nueve cuadros junto a todos los vetustos señores encorbatados del vestíbulo de la Reina sigue su curso. La legislatura acaba en julio de 2027… y la Mesa del Congreso tendrá que darse prisa para cumplir con dicho cometido. 

Esperamos, todas y todos, que se llegue a tiempo, porque el futuro pinta oscuro.

El retrato de Clara Campoamor ya luce en un lugar destacado en el vestíbulo de la Reina del Congreso de los Diputados
FOTO: FRAN LORENTE

Soraya Triana Hernández. Pintora y escultora
FOTO: FRAN LORENTE

“Iba por la calle y me decía: esa mujer tiene los ojos de Clara Campoamor…”.

Cuando Soraya Triana (Palencia, 1987) abrió su correo electrónico y se encontró un mensaje de Patrimonio del Congreso de los Diputados no se lo podía creer. En ese mensaje se le comunicaba que Patrimonio la había seleccionado para la realización de un retrato de Clara Campoamor que lucirá durante siglos en la Cámara Baja. “Me lo tuve que leer varias veces porque no daba crédito, no me lo creía, no me lo esperaba”. Pintora y escultora, profesora asociada de la facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, fue recomendada a participar en la selección entre muchas otras artistas por el reconocido retratista Hernán Cortés Moreno. “Había interés en que fuera una mujer la que realizase el retrato. En ese vestíbulo, y en casi todo el Congreso, no solo no hay retratos de mujeres, sino que no hay pintoras que firmen los cuadros.

“Hacer un retrato de Clara Campoamor fue un reto, porque existen muy pocas imágenes de ella. No hay un estudio en profundidad del personaje. Una de las herramientas que tenemos los pintores es poder jugar con la simbología de los colores. Como en la sala donde se va a exhibir todos los retratos son de hombres vestidos de oscuro, con fondos oscuros, yo pensé retratarla con colores más claros. La ropa que se ve en el cuadro es de color morado, blanco y verde, los colores de las sufragistas. No sabemos de qué color eran sus ojos. Parecían claros, pero no sabemos si eran verdes o azules. Hay dudas también sobre el color de su pelo. Entonces pintar a Clara Campoamor es como inventarse a una mujer”. Nos habla Soraya desde su estudio del norte de Madrid, donde nos muestra el primer boceto que realizó sobre la sufragista , que difiere bastante del retrato final que presentó al Congreso. “Yo habitualmente cuando hago los encargos domino yo la imagen. Es alguien que está vivo y desde la presencia puedo generar una imagen. Me llegué a obsesionar con Clara Campoamor. Iba por la calle y me decía a mi misma: «esta mujer tiene la mirada de Clara» o «esta esta boca me recuerda a la de Clara”. “Así que también utilicé a mujeres de mi entorno, que veía que tenían características similares a las de ella”.

“La Mesa del Congreso y Patrimonio quedaron contentos, y luego vino la presentación, con los nervios de saber si gustaría o no el cuadro, esos nervios cuando se levanta la tela… El reto fue que la imagen no tuviera aspecto contemporáneo, y creo sinceramente que lo conseguí”.