Nico fue uno de los imprescindibles

Por Esteban Galera Aragón

Conocí a Nico como no podía ser de otra manera. Era mi primer día de trabajo tanto en mi vida como en Correos, un 4 de mayo de 1977, precisamente la fecha de su cumpleaños. Me habían destinado como funcionario interino al negociado de Mesa General en el turno de tarde, cuando Correos y Telégrafos ocupaba el emblemático edificio del Palacio de Comunicaciones de la madrileña Plaza de las Cibeles.

Yo me encontraba aprendiendo a clasificar la correspondencia y mi mirada, sin conocer todavía a ninguno de mis compañeros, se concentraba en los casilleros donde debía depositar las cartas según su destino. De repente se acercó un hombre de manera tan próxima que casi situó su boca a la altura de mi oído. Aquel hombre, de estatura tirando algo por debajo de la media, aparentaba superar los cuarenta años de edad, aunque su rostro tenía un aspecto curtido que marcaba la huella de una vida intensa. Sus facciones eran atractivas y al mirarle a los ojos percibí una mirada noble donde la vida chispeaba a borbotones con un punto pícaro que empatizaba enseguida. Se dirigió a mí hablándome en tono bajo y, directamente, tras un corto y breve saludo me preguntó que si yo era Esteban Galera. Tras mi respuesta afirmativa él me dijo directamente que se llamaba Nicolás García, miembro del Partido Comunista de España y de las CCOO de Correos y Telégrafos. Me explicó que había recibido una notificación de Pilar Bravo, en aquella época la responsable de la organización universitaria del PCE. La información que Nicolás García había recibido era que yo estaba afiliado al Partido en la agrupación de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid. En aquel mismo momento Nico (a partir de ahora) me dio el carnet de afiliado a CCOO en el Sindicato de Correos y Telégrafos, federado en aquel entonces a la Federación de Transportes y Comunicaciones. Así conocí a Nico y así desde el primer día que mis pies hoyaron las dependencias de Correos quedé vinculado a la organización del PCE de Correos, de la Administración Pública. Al mismo tiempo, desde ese día imborrable en mi memoria, estaría estrechamente unido a Nico en las luchas y en la amistad.

Al mirarle a los ojos percibí una mirada noble donde la vida chispeaba a borbotones

Nico nació en Fregenal de la Sierra (Badajoz) el 4 de mayo de 1937. Su familia eran campesinos que sudaban bregando con la tierra. El mismo año que Nico nace su pueblo es ocupado por las tropas golpistas de Franco y su padre, un hombre republicano y de izquierdas, tiene que escapar para evitar su detención y fusilamiento. Pero al terminar la guerra es detenido en Madrid y condenado a muerte. Sin embargo, el padre de Nico, dos días antes de ser fusilado, puede escapar de la cárcel y exiliarse en la Unión Soviética. La sangrienta represión en Badajoz y pueblos de la provincia se ceba en la familia de Nico y caen fusilados sus abuelos y su tío en LLerena de la Sierra. Su madre es detenida y sentenciada para ser fusilada pero logra salvar la vida merced a la intervención del cacique falangista José María Martínez Sánchez Arjona.

A partir de estas circunstancias dramáticas la vida de Nico se convierte en un difícil transitar. Con seis años es internado en un orfanato donde los niños vivían situaciones crueles, algo que caracterizaba a estas instituciones en aquellos negros años. Con once años de edad, Nico se rebela contra los malos tratos que allí recibía escapando del orfanato para regresar a su pueblo. En 1952, con quince años decide trasladarse a Madrid sin la autorización de su madre. 

En Madrid comienza a trabajar en la construcción, durmiendo en la misma obra y utilizando como lecho los duros sacos de cemento. Una vez que cobra sus primeros sueldos encuentra una pensión cerca de la Puerta del Ángel. El siguiente trabajo que ocupa Nico es el de mecánico en un taller por la zona del Puente de Vallecas.

Nicolás García

Nico instaló en su domicilio una “churrera” en la que se imprimieron las octavillas que se lanzaron contra el fusilamiento de Julián Grimau

Pronto llega la hora en la que encuentra el cauce donde verter el caudal de rebeldía acumulada en sus pocos pero duros años de vida. Corría el año de 1954 cuando conecta con un militante del PCE e ingresa en el Partido para desarrollar su actividad en el barrio del Lucero, adoptando el nombre de Juan como “nombre de guerra”, y asumiendo el riesgo que comportaba la lucha clandestina en aquellos años de dictadura. En marzo de 1961, coincidiendo con su primer empleo en la Administración Pública, ingresa en las Comisiones Obreras. El primer trabajo como funcionario del Ministerio de la Vivienda es de vigilante en las obras del Poblado Dirigido de Fuencarral. Un hecho muy importante en la vida de Nico sucederá también durante 1961: se trata de su matrimonio el día 12 de junio con la que será su compañera hasta el día de la muerte, una extraordinaria mujer que se llama Dolores Iglesias Moreno, “Lola”. Con ella tuvo siete hijos y un apoyo incondicional. Fue para él una sólida columna de amor que mantuvo su armazón de luchador incansable. Lola también asumiría el riesgo compartido con Nico en muchas ocasiones. Nico instala en su domicilio conyugal de la calle Boldano, en el barrio de Pueblo Nuevo, una “churrera” en la que se imprimen las octavillas que se lanzaron para movilizar contra el fusilamiento de Julián Grimau. La “churrera” quedaría instalada en su casa durante años y desde ella, además de numerosa propaganda, se imprimió el Mundo Obrero, periódico del PCE.

En los albores de las primeras luchas del final de la dictadura y comienzos de la transición en la Administración, Correos era “punta de lanza”

Ya en el año 1971, junto con un “camarada” llamado el Hortelano que poseía una huerta en los campos de Barajas, monta un kiosco de refrescos en este terreno. Pero en este chiringuito no solo se despachaban bebidas, además todos los sábados y domingos se hacían las asambleas de las empresas del metal y de la construcción. Previo al primero de mayo, en el kiosco se preparaban las acciones de lucha para conmemorar este día. Por la tarde, después de la manifestación, de nuevo en el kiosco se hacían las reuniones para valorar los actos realizados durante la jornada. De las ganancias de las ventas realizadas en el chiringuito se donaba un 10% a la organización de Madrid del PCE. No solo en estas cuitas se implicaban los socios del kiosco, también había un hueco para ejercer la solidaridad con los presos políticos de la cárcel de Carabanchel, a los que se les suministraba productos de la huerta como tomates, pepinos, patatas, lechugas o lo que diera la temporada.

Por aquel año visitó el Palacio de los Deportes de Madrid el Ballet Nacional de la URSS, cuya actuación coincidió con la muerte del dirigente de CCOO de la construcción Pedro Patiño, asesinado a balazos cuando repartía octavillas convocando a la Huelga General. La misma tarde del día en el que se produce este hecho Nico dirige un piquete que se cuela en los camerinos de los bailarines rusos para informar de la muerte del dirigente obrero y pedir que se suspenda la actuación de la tarde como muestra de solidaridad. 

Nico había ingresado como trabajador de Correos el 12 de julio de 1965 y desde el primer momento se pone a trabajar para organizar la lucha sindical en su nuevo destino. Cinco meses después convoca una reunión a la que asisten tres compañeros más y elaboran un plan de trabajo y de organización sindical en el que figura organizar CCOO en Correos y Telégrafos. La labor costaría tiempo y esfuerzo. En 1971, ya iniciadas las primeras luchas postales, Nico se reúne de nuevo en su casa de la calle Boldano con compañeros del Partido para constituir la Agrupación del PCE de Correos y Telégrafos. Tras elegir el primer comité de dirección y asumir la tarea de buscar un contacto con algún camarada de la Administración Pública, encuentra a Mario Trinidad, funcionario del Ministerio de Información y Turismo. Ambos compañeros organizan por primera vez una Agrupación del PCE en la Administración Pública.

Desde principios de los años setenta, en Correos y Telégrafos habían comenzado numerosas acciones reivindicativas que irían alimentando los espacios de lucha que alumbraron la fuerza que llegaría a alcanzar en el segundo lustro. En los albores de las primeras luchas del final de la dictadura y comienzos de la transición en la Administración, Correos, como se decía, era “punta de lanza”. Nico es detenido en 1974 en su domicilio a petición de la Dirección General de Correos y Telégrafos después de unas jornadas de huelga. El año 1975 es agitado y termina caliente con despidos y sanciones, pero en enero de 1976 se desencadena una oleada de huelgas que azotan el país y que terminarían tumbando el gobierno Arias-Fraga. Correos se suma a estas huelgas y es militarizado. El 9 de enero de 1976, en la Iglesia del Buen Pastor, se celebra una gran asamblea de trabajadores del sector postal y telegráfico y se elige una comisión de ocho personas para negociar las reivindicaciones aprobadas en la asamblea. Así nacería la Comisión de los Ocho que pasaría a la historia del sindicalismo tanto de Correos como de la Administración Pública. Nico sería uno de los elegidos en esta Comisión.

La Comisión de los Ocho, de la que formaba parte Nico y tres compañeros más de CCOO, pasará a la historia del sindicalismo en Correos y Telégrafos

La Comisión de los Ocho de la que formaba parte Nico y tres compañeros más de CCOO pasará a la historia del sindicalismo en Correos y Telégrafos (CyT). A partir de este momento ya nada sería igual. Las Asambleas reunían a cientos de trabajadores y la lucha cobró tal dimensión que Correos fue militarizado el 14 de enero de 1976 tras numerosos incidentes que terminaron con la intervención de la Fuerza Pública. La Dirección General de CyT trata de imponer condiciones para sentarse con la comisión negociadora que los trabajadores no aceptan y, como contestación, se produce un encierro en el Palacio de Comunicaciones

La militarización supone la detención de todos los componentes de la Comisión de los Ocho, que son encarcelados en Carabanchel y procesados por la autoridad judicial de la Primera Región Militar, que llegó a pedir penas de entre seis años a seis meses para los sindicalistas 

Durante los seis meses que pasó Nico en la cárcel de Carabanchel llegó a estar diez días encerrado en celda de aislamiento. Ni las rejas contenían su espíritu rebelde ante cualquier injusticia. Por fin, el día 11 de julio los seis carteros que quedaban prisioneros son puestos en libertad y aclamados por muchos compañeros solidarios que se concentraron en las puertas de la cárcel para celebrar la liberación.

Los días 1 y 2 de octubre de 1977 se celebra por fin el primer Congreso Constituyente del Sindicato de Correos y Telégrafos de CCOO. Nico fue uno de los imprescindibles desde la hora de poner el primer ladrillo hasta el último día de su jubilación como funcionario del cuerpo de carteros.        

No ha habido lucha en Correos y Telégrafos, hasta su jubilación, que Nico no haya encabezado desarrollando acción y elaboración. Su enorme capacidad generaba ilusión entre  las compañeras y compañeros que junto a él luchábamos y, a pesar de discrepar en ocasiones, siempre fue una referencia para que trabajáramos con unidad, no tan solo entre nosotros y nosotras sino también en unidad con los demás sindicatos de clase. Una generación entera de sindicalistas de Correos y Telégrafos, independientemente del sindicato que fuera, tuvo en Nico una referencia de compromiso, honestidad y amistad.

Ni las rejas contenían su espíritu rebelde ante cualquier injusticia

Su perfil de luchador fue mucho más allá del compromiso sindical con la clase trabajadora. Siempre estuvo también en todas y cada una de las luchas políticas para hacer avanzar la democracia hacia contenidos más sociales e igualitarios con el norte marcado por la militancia comunista. Nico nunca dejó de sorprenderme por su capacidad innata, intuitiva, de comprender los cambios políticos que se iban dando en el curso de la historia y de los acontecimientos. Los setenta fueron años de ideas renovadoras en el campo de la izquierda comunista. Nico lo entendió como el mejor de los teóricos, seguro que sin leer a Poulantzas o Althuser, tal vez sin conocer el precedente de Gramsci. Comprendió muy bien aquello de la Revolución de las Mayorías y creo que fue mejor eurocomunista que Santiago Carrillo. Estuvo al frente de todo lo que tenía que estar y a pesar de su talla de dirigente jamás ocupó un puesto en ninguna dirección, simplemente fue un miembro más del comité provincial de Madrid de CCOO y del PCE de Correos y Telégrafos. Se dedicó a apoyar en todo momento a aquellas compañeras o compañeros en los que confiaba y creía capaces para estar en los órganos de dirección.

Sobre Nico se podría escribir un grueso volumen entre cuyas páginas estaría reflejada la historia reciente de España, desde la resistencia antifranquista, las luchas de la clase obrera contra la dictadura, el complejo período de la transición y los prolegómenos del siglo actual. Sólo he buscado relatar con breves pinceladas una mínima reseña que nos conduzca a imaginar que nos encontramos ante un personaje anónimo para la mayoría pero con talla de gigante. Nico llevó en sus genes la raza de esa clase obrera indómita que nunca fue pisada por poseer como único estandarte la conciencia y la dignidad.

De la historia quedará lo escrito, lo que permanece en la memoria de los vivos y en la memoria colectiva. Nico fue un protagonista de primera línea del pedazo de historia que le tocó vivir. Con su muerte perdemos su testimonio vivo pero en nuestra memoria, los que fuimos sus compañeros y compañeras, sus camaradas y sus amigos y amigas siempre estará presente. Hasta siempre Nico.

Su perfil de luchador fue mucho más allá del compromiso sindical con la clase trabajadora