Cómo cerrar las brechas que discriminan a las mujeres

⇒Artículo de Eva Pérez Ollero, secretaria de Empleo de CCOO de Madrid

Las mujeres estamos más expuestas al desempleo cuando vienen mal dadas y a ocupar los trabajos más precarios cuando llega la recuperación. La crisis de 2020 no es una excepción: mayor presencia en los ERTE y, a pesar de ello, mayor impacto en la pérdida de empleo. La precariedad se acentúa. El teletrabajo y la reducción de los servicios sociales junto al cierre de colegios y centros de asistencia duplica la carga de trabajo que soportamos las mujeres. Son los viejos problemas de siempre, pero tenemos las herramientas para combatirlos. 

Al trato discriminatorio que las mujeres recibimos en el mundo laboral se suma la desigualdad social, la mayor carga del trabajo de cuidados, las dificultades para acceder a la formación y a la promoción, la impermeabilidad de algunos sectores a la entrada de mujeres, las barreras de acceso a los puestos de mayor responsabilidad y mejores condiciones y los prejuicios y estereotipos que aun operan en nuestra sociedad respecto a las capacidades de las mujeres. 

¿Tenemos las herramientas para revertir esta situación? Rotundamente sí. Para empezar, contamos con la actuación organizada de trabajadores y trabajadoras en el ámbito de las empresas, en la negociación colectiva de convenios y planes de igualdad, para la movilización y para la intervención en la contratación. Tenemos la herramienta de la presión y el diálogo social para conseguir mejor acceso de las mujeres a la protección por desempleo o a las pensiones, orientar las políticas activas a conseguir la igualdad real y mejorar servicios públicos como la inspección de trabajo para vigilar el cumplimiento de las normas de igualdad. 

Y como sindicato sociopolítico tenemos que trabajar para conseguir mejores servicios públicos (cuando se recortan, los cuidados familiares recaen casi siempre en las mujeres) y mayor corresponsabilidad del Estado, igualdad de oportunidades en la educación, además del reconocimiento y valoración de lo que las mujeres aportamos con nuestro trabajo hasta que se considere intolerable prescindir de nuestra capacidad productiva y creativa en la sociedad.

“La precariedad laboral de las mujeres se concreta en menos oportunidades de ser contratadas”

Más expuestas al desempleo 

Según la EPA, el 54% de las nuevas personas paradas en 2020 en la Comunidad de Madrid son mujeres. El paro registrado arroja datos aún peores: el 56% de las nuevas personas inscritas como demandantes de empleo en 2020 son mujeres y seis de cada diez que buscan empleo en Madrid también lo son.

Al inicio de la crisis provocada por el covid y el parón de actividad se produjo un incremento nunca antes visto de la población en ERTE (350.000 en Madrid el primer mes). Inicialmente los más afectados fueron los hombres, pero a medida que pasaban los meses ellos iban saliendo mientras que las mujeres se mantenían en ellos. Actualmente quedan en Madrid en situación de suspensión de la relación laboral 70.600 hombres y 74.400 mujeres. Es decir, que aunque las mujeres están más afectadas que los hombres por los ERTES no están más protegidas frente al desempleo, sino más expuestas tanto a la suspensión como a la pérdida definitiva del puesto del trabajo. 

El peor comportamiento del mercado de trabajo hacia las mujeres explica que sean las primeras en empeorar sus condiciones en momentos de crisis. También se debe a la distribución de la población trabajadora. Las mujeres se concentran en el sector de servicios, el más afectado por la pérdida de actividad en 2020. El tipo de empleos que ocupan (menor estabilidad y mayor peso de las jornadas parciales) también influye en que sufran más el impacto de la crisis, ya que han sido igualmente estos empleos precarios los más expuestos a desaparecer. 

Otra razón es que las mujeres son muy minoritarias en el empleo por cuenta propia (empresarias y autónomas), que en 2020 ha resistido mejor la crisis. Y afecta también el hecho de que en 2020 se ha producido un crecimiento de la población activa femenina. En un año, Madrid tiene 20.000 activas más. Entender qué ocurre con las tasas de actividad femenina es fundamental para comprender cómo afectan las crisis a las mujeres.

“En 2020 la tasa de estabilidad laboral de los hombres creció. La de las mujeres ha disminuido”

Más activas en tiempos de crisis 

Cuando hablamos de brechas en el mercado laboral hay que empezar por la de la tasa de actividad, que en Madrid es del 67,62 entre los hombres y del 59,48 entre las mujeres (ocho puntos de diferencia). Aunque las jóvenes se incorporan al mundo laboral igual que los hombres y con comportamientos parecidos, a partir de los 35 años las dificultades  para compatibilizar el empleo y las responsabilidades de cuidado condicionan que muchas pasen a la inactividad. Son mujeres potencialmente activas, que podrían volver al mundo laboral si encontrasen mejores oportunidades.

La inactividad femenina enmascara y oculta la situación real del paro entre las mujeres. Cuando hay una situación de crisis y una caída de ingresos en los hogares, como ha ocurrido en 2020, una parte de esas mujeres que permanece inactiva se incorporan a la búsqueda de empleo en el peor de los escenarios. Al finalizar el año había en Madrid 20.000 mujeres más activas que el año anterior y solo 1.000 activos más. 

Incrementar las tasas de actividad de las mujeres de manera permanente debe ser una prioridad para conseguir la igualdad en el mundo laboral. Y eso solo se consigue si se reducen el peso que asumen las mujeres en el cuidado y la precariedad laboral femenina. Es la falta de oportunidades del mundo laboral para las mujeres la que las lleva a la decisión de “autoexpulsarse” del mercado de trabajo.

“Debemos estar alertas para que el teletrabajo no suponga más carga en los cuidados”

Más jornadas parciales

La precariedad laboral de las mujeres se concreta en que tienen menos oportunidades de ser contratadas, sus tiempos de permanencia en el desempleo son más largos y la calidad de los empleos a los que acceden es peor. Especialmente se ven afectadas por las jornadas parciales. Tres de cada cuatro personas que trabajan en Madrid a tiempo parcial son mujeres. En el último trimestre, el número de trabajadoras a tiempo parcial en Madrid ha crecido en casi 20.000 mujeres frente a los 2.000 en el caso de los hombres. 

La tasa de estabilidad es también más baja entre las mujeres. El segundo trimestre de 2020 tuvo una reducción histórica del empleo por cuenta ajena de 197.500 personas y el ajuste recayó fundamentalmente en los temporales. Perdimos uno de cada cinco empleos temporales y solo uno de cada 27 empleos fijos. Las personas trabajadoras con empleos más inestables fueron las más afectadas. Pero en los trimestres siguientes la situación cambia y empieza a recuperarse empleo, ahora de carácter temporal. En este ajuste, otra vez las mujeres salen más perjudicadas. En 2020 la tasa de estabilidad de los hombres creció ligeramente (del 81,8 al 82,3%), pero la de las mujeres ha disminuido, (del 79,5 al 78,2%). 

Los viejos problemas de siempre -precariedad y desigualdad- explican el comportamiento del mercado laboral durante la crisis. Las viejas brechas de siempre se siguen agrandando y retroalimentando. En 2020 se hundió la contratación (casi un millón de contratos menos). Pero de los 850.000 contratos que firmaron las mujeres solo el 18% fueron indefinidos y solo el 10%, indefinidos y a jornada completa.  Por tanto, el 82% fueron temporales y de estos más de la mitad a jornada parcial. Por cada contrato de calidad (estable y a jornada completa) que firma una mujer se firman cuatro en el extremo opuesto de la precariedad (temporal y a jornada parcial).

“Reducir las brechas exige un cambio de rumbo y la lucha organizada de la clase trabajadora”

Teletrabajo

Debido a las restricciones de movilidad en 2020 la actividad laboral de muchos trabajadores y trabajadoras se ha trasladado a su domicilio. Previamente en Madrid tan solo el 5% de la población trabajadora realizaba más de la mitad de su jornada en teletrabajo. En el segundo trimestre de 2020 el porcentaje pasó al 27% (28% entre las mujeres). En el tercer trimestre se redujo, pero el 20% de las personas trabajadoras siguió realizando desde sus casas la mitad o más de su jornada. Muchas personas se han quedado en el teletrabajo después de los primeros meses de confinamiento. 

El teletrabajo, un elemento a priori positivo para la conciliación puede convertirse en una amenaza para las mujeres. En 2020 el crecimiento de la modalidad de teletrabajo ha coincidido en el tiempo con el cierre de los colegios y de servicios de cuidados a dependientes. Esta carga de trabajo ha recaído en las familias y esto impacta negativamente en las mujeres. A la vez, la pandemia ha vuelto a intensificar el problema de la prolongación de jornada (horas extra no pagadas y jornada que habitualmente se realiza sin retribución, fuera de contrato). Un fenómeno que afecta especialmente a Madrid. Los sectores de educación, sanidad y administración pública son los que más incrementaron la prolongación de jornada. 

Debemos estar alertas para que el teletrabajo se utilice correctamente y no suponga un abuso y una coartada para que la sociedad cargue sobre las mujeres la responsabilidad del cuidado. Para que esto no ocurra son imprescindibles una buena regulación del teletrabajo -con control de las jornadas y voluntariedad en la elección de esta forma de prestación laboral- y servicios públicos adecuados para la atención a las personas dependientes.

“Un mercado de trabajo desigual en una sociedad desigual se traduce en más brecha para las mujeres”

Nueva perspectiva  

Cuando comienza la crisis de 2020 Madrid estaba ya recuperada de la gran crisis iniciada en 2008, con crecimientos de la actividad económica y el empleo que nos situaban a la cabeza de las comunidades de España. Pero no estábamos recuperados de la medicina aplicada en esa crisis anterior: reformas laborales, pérdida de derechos y recortes en servicios públicos. Esto ha generado un mercado de trabajo precarizado y profundamente desigual. Y un mercado de trabajo desigual en una sociedad desigual trae consigo más brecha de género. Pero además, la forma en que se abordó la recuperación de la pasada crisis ha dejado un mercado de trabajo desequilibrado, que crece en exceso en actividades que se basan solo en abaratar el factor trabajo y muy poco en innovación, con raíces débiles, incapaz de soportar una situación adversa. 

No podemos volver a la misma receta que nos ha debilitado. La reconstrucción necesita nuevos cimientos: actividades capaces de generar empleo; aprovechar mejor las capacidades productivas de una población extraordinariamente bien formada (sobre todo en el caso de las mujeres), servicios públicos fuertes y recuperación y mantenimiento de los derechos. Reducir las brechas exige un cambio de rumbo y la lucha organizada de la clase trabajadora.