“Sanitarias, maestras, limpiadoras, cajeras del súper… son la hostia”

Tras veinte años al frente de la Secretaría de las Mujeres de CCOO de Madrid, Pilar Morales se jubila, aunque seguirá peleando como activista por los objetivos del feminismo y del sindicalismo de clase. Repasamos con ella las aportaciones de las sindicalistas a la lucha de las españolas por la igualdad durante dos décadas de avances históricos.  

La primera cartilla de la Seguridad Social como titular que Pilar Morales (Lavapiés, 65 años) tuvo en sus manos y que la acreditaba como trabajadora llevaba una rúbrica diagonal y en mayúsculas que decía “OPTA LA ESPOSA”. La advertencia venía a cuento porque entonces era del todo excepcional que una mujer casada tuviera que ganarse el sustento fuera de casa. A ella la dejaron trabajar porque su marido no lo hacía. Pertenece Pilar a una generación que todavía creció en un sistema social y político regido por una atroz combinación de patriarcado, franquismo y nacionalcatolicismo en el que todo lo que no pasara por ser madre abnegada y sumisa esposa, o monja, estaba vetado para las mujeres, aunque llama la atención con tanto escrúpulo que la prostitución sí estuviera permitida. Dadas las limitadas expectativas de futuro, era habitual que a las niñas las sacaran de la escuela antes de tiempo y si por un casual llegaban a la universidad se les limitaba el acceso a determinados estudios.

Con todo en contra, Morales, hija de familia obrera, trabajó y estudió. Con un brillante expediente académico -ensombrecido por las malas notas en formación del espíritu nacional y flauta- terminó el bachiller en el Instituto Lope de Vega, donde ya desde las filas del PCE destacó como “follonera”. Resume que su militancia política y sindical y su activismo feminista vienen “de que yo vi, aprendí y entendí”. Se estrenó como asalariada en la fábrica de Cinzano y a pesar de tener que criar sola a su hija sacó tiempo para licenciarse, primero en Magisterio y después en Geografía e Historia. Se afilió a CCOO en 1985 y tras aprobar unas oposiciones de vigilante en el Museo de Bellas Artes de Madrid comenzó su andadura en la acción sindical.

“El modelo sindical del trabajo con mujeres de CCOO de Madrid ha creado escuela”

P.- Pilar, ¿recuerdas cuál fue la primera batalla sindical que ganaste?

R.- Perfectamente. Conseguí que las ‘vigilantas’ del Museo de Bellas Artes pudiéramos llevar pantalones, un cambio en la vestimenta sin precedentes y que se extendió a todos los museos de Madrid. No fue fácil. La dirección se negaba y las trabajadoras, para presionar, nos presentábamos en el Museo con las faldas muy cortas, sin medias y con las piernas sin depilar, llenas de pelos, o con las medias rotas y el dobladillo descosido… Íbamos echas un cuadro y tuvieron que ceder. Los compañeros nos apoyaron desde el primer momento. 

P.- ¿No tenías problemas por ser tan reivindicativa?

R.- Muchísimos. Yo reconozco que no daba tregua, era muy molesta. Hasta tal punto de que a finales de los años 90, Esperanza Aguirre, que era ministra de Cultura, quiso enviarme al paleolítico, en concreto a las Cuevas de Altamira, vía traslado forzoso de Madrid a Santander y sin derecho a indemnización. Nos encerramos en la Casa de las Siete Chimeneas y nos abrieron 24 expedientes. Retiraron todos menos el mío. Yo preferí ir a juicio. Lo gané y luego me fui a trabajar a la sección sindical de Cultura de CCOO de Madrid y a colaborar como voluntaria en la Secretaría de la Mujer. 

P.- Oyéndote contar se da una cuenta del sacrificio personal de tantas mujeres anónimas que hay detrás de cada logro en igualdad por básico que sea, y también de lo que hemos avanzado en los veinte años que llevamos de siglo XXI.

R.- Hemos dado pasos de gigante en estas dos décadas. Hace veinte años ni se me habría pasado por la imaginación que los sindicatos pudieran organizar una huelga general por los derechos de las mujeres y convocando además desde las secretarías de las Mujeres, o que algún día izarían la bandera morada en sus sedes. Que por cierto, la primera bandera morada ondeó en CCOO de Madrid. Y otro avance fundamental es que las mujeres sindicalistas nos hemos ganado el respeto y el reconocimiento del movimiento feminista, donde estamos por derecho propio.

“Un compañero del metal pidió perdón al entender lo que supone el patriarcado”

P.- ¿Había reticencias?

R.- Ahora ya somos todas, pero antes éramos ellas y nosotras. Les costaba aceptar en su movimiento a una organización mixta como es un sindicato y mucho menos que tuviéramos voz y voto. Les hicimos comprender que hay un espacio, el del trabajo, donde la lucha por la igualdad la lidera el sindicato. Las sindicalistas no estamos para pintar de lila las ventanas. Luchamos para que las trabajadoras no estén en inferioridad de condiciones, para que no haya brecha salarial, para que tengamos igualdad de oportunidades, para que las familias monomarentales tengan sus derechos y, por supuesto, luchamos contra todas las violencias machistas en todos los ámbitos. La lucha de las sindicalistas por la igualdad viene de muy lejos. Hay huelgas históricas, como la de las costureras de la Ford en el Reino Unido en 1968 y que dio lugar a la ley de igualdad de 1970 de salarios y condiciones laborales en aquel país. Hoy día no sólo somos respetadas por el movimiento feminista, sino también buscadas. Las sindicalistas llevamos la lucha por la igualdad en el ADN. 

P.- ¿Y del sindicato hacia el feminismo no había desconfianza?

R.- Hace veinte años la sociedad en general desconocía qué es el feminismo y había una enorme confusión en torno a qué significa ser feminista. Faltaba conocimiento para comprenderlo en toda su dimensión. Cuando exigimos la cuota en los órganos de decisión del sindicato se produjo un intenso debate. Las sindicalistas hemos tenido que hacer pedagogía dentro del sindicato, pedagogía con el movimiento feminista, pedagogía en casa con la pareja. Yo también me preparé a fondo. Me hice Agente de Igualdad, formadora de formadores, me saqué el Máster de Género… Impulsamos muchísimo la formación, tanto para hombres como para mujeres. Recuerdo al final de un curso que un compañero del metal se levantó y pidió perdón al entender lo que significa y supone para nosotras el patriarcado. Hemos hecho cantidad de acciones para extender la cultura feminista, incluso a costa de llevarme alguna bronca.

P.- Cuenta …

R.- (Risas) Una vez se me ocurrió regalar gafas de color violeta a cien compañeros que hubieran realizado algún gesto por la igualdad. Cada Federación tenía que hacer una lista de nominados y muchos venían a comprobar si estaban en ella. La que se montó…, y casi más por parte de las compañeras mujeres. Pero yo seguí en mi empeño con este tipo de acciones porque considero imprescindible sensibilizar, formar, implicar, dar a conocer el papel de las mujeres a lo largo de la historia. Fue muy importante también poner el nombre de las Trece Rosas a una de las salas más emblemáticas de nuestra sede de Lope de Vega. Ha sido un trabajo muy profundo, de mucho tiempo y de mucha gente, muy gratificante. Y no solo en Madrid. Hemos impartido cursos, conferencias, organizado jornadas en muchos países de Europa y América Latina. La Universidad Nacional de Colombia nos va a hacer un reconocimiento este 8 de Marzo y en la Universidad de Buenos Aires quieren estudiar nuestro modelo sindical del trabajo con mujeres. Hemos creado escuela. Aprovecho para expresar mi admiración por el impresionante y arriesgado  trabajo de las mujeres de América Latina, que se juegan la vida todos los días y la pierden muchas veces. Ellas también nos pueden enseñar mucho a las mujeres europeas.

“La Ley de Igualdad de Zapatero ha sido determinante, un hito fabuloso”

P.- ¿Qué señalarías como hitos de las últimas dos décadas?

R.- La legislación ha sido determinante. La Ley para la Igualdad efectiva de Mujeres y Hombres, aprobada en 2007 durante el Gobierno de Rodríguez Zapatero, es un hito fabuloso porque de repente una ley orgánica convertía en derechos lo que llevábamos tantísimo tiempo reivindicando. La Ley de Igualdad la desarrollamos nosotras porque los hombres entendieron que era un terreno que no dominaban. Desarrollamos los planes de igualdad, la negociación colectiva con perspectiva de género y nos empoderamos como nunca antes en la organización sindical, ya que la ley incluía normativa para las empresas que había que aplicar también dentro del sindicato. La Ley de Igualdad volvió la casa del revés como un calcetín. 

P.- Pero a pesar de las leyes persisten las desigualdades en el ámbito laboral. 

R.- Porque nos hacen trampa. Por ejemplo, con la igualdad salarial. Nos la cuelan con la definición de los puestos de trabajo y sus funciones, los denominan de otra manera y les asignan un salario u otro. Casualmente, los puestos definidos con peor sueldo siempre los ocupan mujeres. Hay muchísimas dificultades para aplicar los planes de igualdad. No hay más que leer algunas sentencias para darte cuenta del inmenso trabajo que nos queda por delante. 

P.- La pelea no acaba nunca

R.- No, porque cada logro conlleva una revancha del patriarcado. Te doy reducción de jornada pero te asigno el mismo volumen de trabajo, te doy reducción de jornada pero te despido a la más mínima oportunidad… Este problema lo vamos a combatir con el Decreto de la Adaptación de Jornada Laboral y con los permisos iguales de maternidad y paternidad

“Cada logro conlleva una revancha del patriarcado. Nos hacen trampa”

P.- Las multitudinarias manifestaciones del 8M han significado también un respaldo de la ciudadanía sin precedentes para el movimiento feminista

R.- No hay palabras para describir la emoción de contemplar las multitudinarias manifestaciones de los últimos 8M, las calles de Madrid abarrotadas de gente, mujeres de todas las edades, de todas las nacionalidades, muchos hombres también y ver tantas banderas de las Comisiones Obreras. Antes, en 2014, el Tren de la Libertad contra la reforma de la Ley del Aborto de Gallardón había culminado en Madrid con la mayor manifestación feminista en España hasta ese momento. Hay que aprovechar el 8M porque es el día que más se escucha nuestra voz en todos los rincones del mundo. 

P.- La pandemia ha puesto en valor como nunca antes el trabajo de las mujeres, que son mayoría en los sectores esenciales. 

R.- Sí, y también que esos trabajos esenciales, los que sostienen la vida, son los más duros y los peor pagados y considerados. No puede ser. Las mujeres hemos vuelto a demostrar el valor que tenemos y se nos tiene que reconocer. Sanitarias, maestras, limpiadoras, cajeras de súper… son la hostia y están muy desprotegidas. La pandemia nos ha sacudido y estamos obligadas a revisar nuestra postura y nuestras acciones. Los contratos de los servicios públicos de cuidados no pueden licitarse a la baja porque eso va en contra de la calidad de la atención y precariza las condiciones y el sueldo de las trabajadoras.  

P.- ¿Y la violencia machista? Los asesinatos de mujeres se producen día sí y día también. Es una desesperación. 

R.- La violencia machista no es solo el momento en el que matan a una mujer. Es también el calvario que viven hasta que las asesinan, es la violencia de los jueces y de los empresarios, la de la imagen que reproducen los medios de comunicación, la del síndrome de la alienación parental, la de la custodia compartida con los maltratadores… Hay muchas violencias contra las mujeres y no van a acabar si no se hace algo más. La sentencia de la manada provocó otra de las grandes movilizaciones. Estallamos porque estamos hasta el pico de la peineta. El actual Código Penal no sirve y los recursos que se destinan no son suficientes. Los informes que nuestra Secretaría elabora todos los 8 de Marzo y los 25 de Noviembre, con datos oficiales, dejan bien claro que los recursos del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid son completamente insuficientes para el volumen de denuncias. No hay pisos ni ayudas para todas las mujeres maltratadas. Me parece una hipocresía que insistan en que denunciemos si después no nos pueden proteger.

“La prostitución es violencia patriarcal. No se puede regular. Hay que abolirla”

P.- El próximo Congreso de CCOO de Madrid, que se celebrará en mayo, lleva entre sus propuestas la declaración del sindicato como abolicionista de la prostitución. ¿Qué les diría a quienes defienden la regulación?

R.- ¿Pero qué se puede regular de la prostitución? ¿Con quién negociamos el convenio? ¿Elaboramos un listado de prácticas sexuales y les ponemos un precio? ¿Cuánto? ¿Cinco euros por usar el cuerpo de una mujer? Cuando planteo estas cuestiones la gente se hunde en la silla… ¿Pero de qué estamos hablando? La prostitución es violencia patriarcal contra la mujer y hay que abolirla. El argumento de que hay mujeres que lo hacen por voluntad propia no se sostiene. Quienes defendemos la abolición vamos contra los puteros y exigimos un programa de medidas que ofrezca una salida a las mujeres prostituidas. La prostitución no puede tener cabida en una sociedad como la nuestra, donde el respeto por la dignidad humana debe ser incuestionable. O hacemos una acción contundente contra el patriarcado y sostenida en el tiempo o nos van a seguir maltratando los próximos mil años.

Aumentan  un 60% las llamadas al 016

La sexta macroencuesta sobre violencia machista en España es desoladora: 1.077 mujeres asesinadas desde 2003 por sus parejas o exparejas; 32.000 llevan protección policial (9% más que en 2019); una de cada dos mujeres mayores de 16 años ha sufrido algún episodio de violencia machista a lo largo de su vida, y el 20% de las agredidas sufren una discapacidad provocada por las lesiones infringidas. Los asesinos se han llevado por delante también a 37 menores y han dejado en orfandad a 765 niños y niñas. Las violaciones denunciadas se acercan al medio millón, una cifra que se incrementaría un 36,5% si todas las víctimas se atrevieran a denunciar. 

Los confinamientos y las restricciones de movilidad por la actual crisis sanitaria han agravado la situación de las víctimas al ser el aislamiento el mejor aliado de los agresores. Es un hecho constatado: las llamadas al 016 han aumentado un 60%.  

“Desde CCOO”, subraya Pilar Morales, “exigimos que se cumpla el Pacto de Estado contra la violencia machista, que está en vigor y no se lleva a cabo correctamente; pedimos acompañamiento y protección para las mujeres maltratadas, y pedimos formación y sensibilización para todos los agentes implicados”.

“El negacionismo de la violencia machista”, concluye, “agrava y revictimiza a las mujeres que luchan cada día por su vida”.