“Una compañera contagiada me pidió ayuda con la ambulancia en la puerta”

Desde hace 23 años, Conchi Santodomingo sale de su casa todos los días con el cometido de cuidar a personas dependientes que residen en la ciudad de Madrid. Es auxiliar de ayuda a domicilio, un trabajo ya de por sí duro y mal pagado que ha devenido en pesadilla desde que se declaró la emergencia sanitaria. Hace dos meses que su tarea como delegada sindical de CCOO supera el ámbito de lo laboral: “Hay compañeras”, manifiesta, “que atraviesan circunstancias personales extremas y necesitan ayuda desesperadamente”.

Conchi Santodomingo, auxiliar de Ayuda a Domicilio y delegada de CCOO
Conchi Santodomingo, auxiliar de Ayuda a Domicilio y delegada de CCOO

El director de cine británico Ken Loach, en su último trabajo, Sorry We Missed You, cuyo preestreno en Madrid se celebró hace unos meses en el Auditorio Marcelino Camacho, refleja con crudeza las vidas sin vida de sus protagonistas, una cuidadora y un repartidor. Si a alguien le parece excesivo lo que cuenta el filme podría hablar con Conchi Santodomingo, una auxiliar de ayuda a domicilio y delegada sindical de CCOO, y comprobaría que a la vuelta de la esquina hay historias reales todavía mucho peores

Al ser la ayuda a domicilio un sector feminizado y precario en el que trabajan muchas inmigrantes que son madres y están solas, el cierre de los colegios, el confinamiento y, a veces, la pérdida de empleo, o la cuarentena, o el contagio por Covid-19 las ha puesto en una situación límite. “Acabo de hablar con una compañera con hijos pequeños que se ha quedado sin trabajo y no tiene para comprar comida. Comen pizza para desayunar, almorzar y cenar. Estamos intentando que Cruz Roja la ayude”, relata Conchi con profundo pesar. 

“Si no se toman medidas urgentes en la ayuda a domicilio, el confinamiento no será eficaz”

Las tragedias personales se amontonan. Narra el caso de otra compañera que se contagió. No tenía a nadie con quien dejar a los niños y le pidió ayuda con la ambulancia ya en la puerta. La delegada sindical se ocupó de llamar a los Servicios Sociales para que se hicieran cargo de los pequeños. Estoy muy afectada psicológicamente. Como delegada estoy acostumbrada a lidiar con todo tipo de problemas laborales, pero hay situaciones a las que nunca me había tenido que enfrentar”.

761 muertes en hogares

El sentimiento de abandono del que habla la sindicalista está más que justificado. Resulta que aparece de repente un virus cuyo peligro reside en la facilidad de contagio y que se ceba en la población mayor y en personas con patologías y a nadie se le ocurre actuar desde el minuto uno en este sector de cuidados, centro indiscutible de la diana hacia donde apunta el escurridizo Covid-19. 

No recibieron EPI hasta un mes después de la alarma. Hay más de mil contagiadas

Ni el gobierno de la Comunidad de Madrid ni el del Ayuntamiento, que tienen las competencias, se hicieron cargo del riesgo que supone esta pandemia tanto para las trabajadoras como para las personas dependientes a las que cuidan en sus casas. No hemos aprendido del desastre ocurrido en las residencias de mayores. Según el último recuento del propio gobierno regional, las muertes por Covid en residencias de la región ascienden a 5.558, cifras que la OMS ha calificado de “tragedia”. Las mismas fuentes detallan que los fallecimientos en hogares de Madrid se elevan a 761

“Las delegadas han solicitado test rápidos y PCR, pero no han recibido respuesta”

Con la que está cayendo, y con la población mundial recluida en sus casas en un confinamiento sin precedentes para evitar el colapso hospitalario, las auxiliares de domicilio de la ciudad de Madrid no recibieron material de protección para evitar contagios hasta más de un mes después del decreto del estado de alarma. Eso sí, tras advertir las delegadas sindicales a las empresas de que de ninguna manera atenderían sin equipos de protección eficaces a personas usuarias del servicio que han estado hospitalizadas y que deben permanecer en cuarentena en sus domicilios. No hacerlo con EPI implica un riesgo elevado y evidente de contagio con nefastas consecuencias tanto para las auxiliares como para quienes necesitan de sus cuidados, y por supuesto para la red hospitalaria. Hay empleadas que hasta se confeccionaron delantales en sus casas.

Más de mil trabajadoras positivas

En la ciudad de Madrid operan alrededor de 10.000 auxiliares de ayuda a domicilio. Su trabajo incluye aseo, limpieza, preparación de comidas, compras, gestiones, medicación, paseos, cambios posturales y otras tareas vitales para quienes no pueden valerse por sí mismos. Hasta el 22 de abril, más de mil trabajadoras han dado positivo en Covid-19, una cifra en la que no están incluidas las que permanecen en cuarentena por haber estado en contacto con personas contagiadas. Y podrían ser muchas más, ya que al no hacerse test es imposible saber exactamente el número de positivas. A este respecto, la delegada sindical informa que han solicitado test rápidos y PCR, y por el momento nada se sabe. 

“Hay compañeras con niños que se ha quedado sin trabajo y desayunan, almuerzan y cenan pizza”

“En la ayuda domicilio hay que tomar medidas urgentes, y tomarlas ya, porque si no, todo el esfuerzo que está haciendo la sociedad con el confinamiento no será eficaz”, reclama Conchi. “Somos muchas trabajadoras y muchos usuarios, y si lo que queremos es no colapsar la sanidad tienen que actuar. Si ya estábamos en una situación lamentable, una crisis como esta nos ha sumido en la desesperación. Vamos con miedo y ansiedad a trabajar”. 

Más de mil trabajadoras han dado positivo en covid-19, sin incluir las que están en cuarentena

Cuando se decretó el estado de alarma, el 15 de marzo, tanto el Ayuntamiento como la Comunidad ordenaron limitar la atención a servicios esenciales, es decir, solo para los grandes dependientes, dejando fuera a los grados moderados. “El inicio de la vuelta a la normalidad en la prestación no se produjo hasta el pasado 15 de abril. Durante al menos un mes ha habido gente que necesita atención domiciliaria y no la ha recibido, al excluirla de la atención y la prestación”. Conchi aclara que las personas dependientes que requieren este servicio son en su mayoría ancianas, pero también hay de todas de las edades que sufren discapacidad.

“Somos las eternas olvidadas”

Además de limitar la ayuda a domicilio a servicios esenciales, el Ayuntamiento de Madrid redujo las horas de prestación. “Nos han dado entre una hora y hora y media por usuario. Tenemos que preparar comida, hacer el aseo personal e ir a la compra, y con las colas que hay vamos volando para poder hacerlo todo en tan escaso tiempo, con un estrés impresionante. Y así de un domicilio a otro”, describe Conchi. Con esas prisas el riesgo se multiplica. “¿Pero tú has oído algo de todo esto en la prensa? Somos las eternas olvidadas

La limitación del servicio solo a grandes dependientes dejó, además, a la mitad de la plantilla en casa. A la reducción del servicio se sumó que muchos usuarios se dieron de baja por miedo. Fue la puntilla. La actividad sindical de las delegadas se multiplicó. “Un sin parar”, resume Conchi, que detalla que las delegadas sindicales han llegado a recibir más de 300 llamadas diarias, además de llevar las conversaciones con las empresas y redactar los escritos al Ayuntamiento.

“Una auxiliar se contagió y no tenía con quién dejar a sus hijos. Me llamó con la ambulancia en la puerta”