La presidenta de la junta gestora de la Plataforma Universitaria de Estudios Feministas y de Género, Rosa San Segundo, es profesora catedrática de la Universidad Carlos III de Madrid, licenciada en Filosofía, doctora en Documentación, y especialista en Sistemas de Clasificación y Organización del Conocimiento. Dirige además el Instituto de Estudios de Género en la universidad en la que imparte clases. Cuando se presentó por primera vez a las pruebas para la acreditación de catedrática, en 2008, uno de los evaluadores no consideró y omitió todo lo relativo a materias de igualdad. Todavía hoy en la universidad española no existe un área específica de estudios feministas y las mujeres se topan con muchos más obstáculos que sus colegas varones en la promoción profesional. Y, atención, porque el sesgo de género en la investigación tiene consecuencias para toda la ciudadanía.

Entrevista: Alejandra Acosta // Fotos: Fran Lorente

P.- ¿Rosa, cuándo y por qué surge la Plataforma Universitaria de Estudios Feministas y de Género?

R.- Nació hace tres años, al final del gobierno de Mariano Rajoy, cuando el Instituto de la Mujer retiró las subvenciones destinadas a los doctorados y másteres de género y a los centros de investigación feministas de las universidades. En la Plataforma están representadas todas las universidades públicas españolas y algunas privadas, hasta un total de 56, y seis asociaciones. Esta iniciativa nos ha permitido reconocernos, empoderarnos, ayudarnos, valorarnos, y nos da legitimidad.

 

En España no se permitió la matriculación de alumnas en la universidad hasta 1910

“Los profesores titulares y catedráticos, con mayor estatus y sueldo, son hombres en su mayoría”

Rosa Sansegundo

P.- Entre vuestras reivindicaciones está la creación en la universidad de un área de conocimiento específica de estudios feministas. A estas alturas, cuesta creer que no exista.

R.- Las universidades son instituciones muy patriarcales. Nacen en Europa en la baja Edad Media y son herederas fundamentalmente de las escuelas catedralicias y monásticas, y de las madrasas en el mundo árabe. Las mujeres se quedaron fuera, y no sólo se las expulsó del conocimiento, sino que se prohibió la alfabetización de las niñas. Como apuntaba Emilia Pardo-Bazán, a la mujer no se la educa, se la doma. España eliminó la prohibición de acceso de alumnas a la universidad en 1910.

P.- ¿Y qué ocurre en universidades de otros países?

R.- En el ámbito anglosajón, siguiendo el ranking de Shanghai, en las 50 mejores universidades del mundo los estudios de género están muy desarrollados. En España ni siquiera están reconocidos en la promoción de la investigación. Hay quien quita del currículo todo lo referente a perspectiva de género porque no está bien visto.

P.- Al menos en la Carlos III contáis con un Instituto de Estudios de Género, que tú diriges.

R.- Pero nos cuesta mucho visibilizar lo que hacemos. El tiempo que dedicamos al Instituto es voluntario, no supone más salario ni te reducen las horas docentes. Por eso es tan importante que se creen áreas de género.

P.- En todo caso, la Ley Orgánica de Igualdad, en su artículo 25, establece la igualdad en el ámbito de la educación superior, y es de obligado cumplimiento.

R.- Aunque lo diga una ley orgánica de obligado cumplimiento hay mucha resistencia a dar paso a las mujeres. Los profesores titulares y catedráticos, que tienen mayor estatus, sueldo y estabilidad laboral, son hombres en su mayoría, y la reivindicación de las mujeres para acceder a esos puestos amenaza su hegemonía en la pirámide de poder. Un hándicap que tenemos las mujeres es que no estamos socializadas para movernos en espacios de poder, nos cuesta mucho. Vamos solas por la vida, trabajamos sin equipos, haciendo un esfuerzo titánico intentando llegar a todo. Ellos se apoyan y hacen equipo. Esto se observa muy bien en los patios de los colegios, donde las niñas se sitúan en la periferia y los niños ocupan el centro del espacio jugando al fútbol, como explican Amparo Tomé y Marina Subirats en su libro “Balones fuera”. Por eso el actual movimiento feminista hace tanto hincapié en la sororidad, que no es otra cosa que la solidaridad entre mujeres en espacios donde se nos discrimina.

P.- El sesgo de género tanto en la docencia como en la investigación no es sólo una injusticia. ¿Cómo nos afecta?

R.- Mucho más de lo que pensamos. La exclusiva mirada masculina ha dado como resultado una ciencia sexista y segregacionista, y afecta a todas las ramas de los ámbitos académico y científico. Por ejemplo, en el sistema judicial se aplican conceptos muy erróneos por puro desconocimiento, en psicología pasa lo mismo y en los experimentos farmacológicos, en la antropología, las ingenierías, el urbanismo… ¿Por qué las ciudades son tan poco accesibles y tan hostiles para las mujeres, niños, niñas y personas mayores? Porque las diseñan hombres que no han recibido formación alguna en perspectiva de género. Y como los evaluadores tampoco tienen formación ni siquiera la consideran. A veces incluso perjudica, como me pasó a mí cuando me presenté por primera vez a las pruebas para la acreditación de catedrática en 2008 y uno los dos evaluadores no consideró y omitió todo lo relativo a materias de igualdad.

“Un profesor tiene 2,5 veces más posibilidades de ser promocionado a catedrático que una profesora”

“La exclusiva mirada masculina ha dado como resultado una ciencia sexista y segregacionista”

P.- Cada día conocemos más nombres de mujeres que a lo largo de la historia, y a pesar de las dificultades, mostraron un enorme talento como científicas, creadoras, filósofas, literatas, inventoras… Cuánto silencio en torno a ellas y cuánto nos hemos perdido.

R.- A las mujeres no nos han dejado estar en ningún sitio y cuando hemos logrado hacernos un hueco se nos borra. No aparecemos en los libros de texto de Primara y Secundaria ni se explica al alumnado qué es el feminismo, siendo fundamental para entender el mundo. Es el efecto Matilda. No solo hay invisibilización en la ciencia, sino que si participas hay un efecto añadido de borrado. En el pasado, no solo las invisibilizaron por ser mujeres, sino que les robaron la autoría de sus trabajos y descubrimientos.

P.- En la universidad, la posibilidad de que un profesor titulado sea promocionado a catedrático es 2,5 veces superior que la de una mujer en sus mismas circunstancias. Pesará en contra, como en otras profesiones la atención desigual a a familia.

R.- En España somos el segundo país del mundo con menos natalidad, y en la universidad cae en picado. Aunque la maternidad no es el inconveniente. Hay un estudio de la Universidad de Harvard, que incluye 25.000 encuestas a personal universitario y que se publicó en 2014, que concluye que interrumpe más las carrera profesional de una mujer el marido que los hijos. Es decir, nuestro problema no es la biología, sino el engranaje patriarcal.

“¿Por qué las ciudades son tan hostiles y tan poco accesibles? Porque las diseñan hombres”

“Un estudio de Harvard concluye que interrumpe más la carrera de una mujer el marido que la maternidad”

P.- Coincide entonces con Sheryl Sandberg, directiva de Facebook, que levantó ampollas al afirmar que una de las claves para que una mujer triunfe profesionalmente es la elección de una pareja adecuada.

R.- Lo ves claramente entre el profesorado universitario. Ellos, aunque tengan hijos pequeños alargan la jornada hasta las nueve de la noche. Esto no lo hacen las mujeres casadas o con pareja, aunque no tengan hijos. En una pareja casi siempre es ella la que sacrifica su carrera. Pasa lo mismo en la política. Las mujeres tienen que tener un varón que las respalde y son pocas las que se mantienen. Mira el PP, tenía cuatro mujeres con liderazgos fuertes -Santamaría, Cospedal, Cifuentes y Aguirre-, que ganaban votos para su partido y las quitaron a todas de golpe para poner a Pablo Casado. El poder lo tienen ellos, nosotras siempre subalternas.

⇒ ESPECIAL 8 DE MARZO 2020 DÍA DE LA MUJER